Crónica
Los magueyes, tubérculos y otras plantas denominadas amoles fueron usadas por los indígenas antiguos de México como jabón. Estas especies tienen la cualidad de hacer espuma y, por tanto, las burbujas eran aprovechadas para lavar el cuerpo, lienzos, vestimentas e incluso curar enfermedades.
Crónica rescata el ensayo que el botánico Manuel Urbina (Querétaro, 1843- Ciudad de México, 1906) leyó el 4 de octubre de 1897 en la Academia Mexicana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Notas acerca de los amoles mexicanos.
ESPUMA INDÍGENA. En el documento, el también médico cirujano y farmacéutico identificó 21 tipos de plantas denominadas amoles con las que los antiguos mexicanos realizaron labores de limpieza y que hasta finales del siglo XIX aún era de uso cotidiano en algunas regiones del país.
Manuel Urbina precisó en su ensayo que el nombre de amolli o amulli fue definido por el Diccionario Geográfico, de Pérez Hernández, como la espuma o jabón de los indios y que su origen proviene de dos palabras: atl (agua) y mulli (espesar).
Los amoles, según indica el diccionario: “se obtienen de una hierba pequeña, gruesa, corta y con la raíz fibrosa, de hojas de puerro, y el tallo verde, de un palmo de largo; las flores en forma de vasos, de un blanco rojizo”.
Sobre la capacidad que tienen estas plantas de hacer espuma en el agua, Manuel Urbina escribió lo siguiente: “La substancia que contienen estas plantas es conocida con el nombre de saponina. Este glucósido fue descubierto por primera vez en la Saponaria, y después en otras muchas plantas. Existe en cantidades considerables en las Amarilidáceas, principalmente en los agaves”.
El estudio de la saponina resultó para Manuel Urbina de un gran interés tanto por sus aplicaciones médicas como por sus aplicaciones industriales.
“Citando entre ellas, la cualidad que tiene de emulsionar las materias grasas, y que por este motivo fue usada por los antiguos mexicanos para lavar sus lienzos y limpiar los cabellos que los deja suaves y flexibles; y como medicamento para curar las erupciones de la piel, la rabia y otras enfermedades, y cuyas noticias nos han sido transmitidas por los historiadores”, indicó.
Los amoles eran usados como jabón al menos hasta 1897, agregó el científico mexicano.
“En varios estados de la República, tales como Oaxaca, Querétaro, Nuevo León, Guanajuato, &., (se usan) como jabón para lavar pavimentos, objetos como vasos de cristal que quedan muy limpios y transparentes, lavar lienzos delicados de seda o lámina de color, el cual conservan sin alteración alguna”.
El botánico también precisó en Notas acerca de los amoles mexicanos la existencia de otra palabra asociada al jabón: tzitzi (penca de maguey), que durante el siglo XIX fue un término de uso común.
Una parte del texto del doctor Manuel Urbina.
“En idioma mexicano quiere decir: escozor o picazón, les servía para designar la penca de maguey desmenuzada que causa comezón a los que usan de ella para lavar, y actualmente sirve también como amole”, explicó.
Urbina añadió que otra planta usada como jabón por los indígenas fueron los tubérculos.
“Usaban en general, como jabón, de los tubérculos o cepas de las plantas que hacían espuma en el agua, y los distinguían como actualmente se acostumbra”, precisó.
CONTRA COMEZÓN Y FLEMAS. Los nombres científicos de las familias de las 21 plantas que Manuel Urbina identificó como amoles son: sapindáceas, fitolacáceas, amarilidáceas, liliáceas y dioscoreáceas.
En su ensayo, el botánico le dedicó espacio a la amolxóchitl o flor de Aniolli, la cual tiene raíces fibrosas semejantes a las de la cebolla, y de la que brotan flores rojizas en forma de espiga. “Sirve para el uso de lavar lienzos de lana y se encuentra en las regiones templadas, como es la mexicana”.
El Apintli es otra especie que registró Urbina y que físicamente tiene una raíz bulbosa y fibrosa, de la que nacen flores amarillas.
“Sirve para lavar vestidos, aunque suele provocar comezón a los que lavan. Es un remedio contra la mordedura de las serpientes venenosas, el agua en que se ha puesto a macerar cierta cantidad de raíz machacada, bebida y aplicada en la herida; puesta sobre ella, sirve también para curar la misma inflamación. El polvo esparcido y aplicado con algodón sobre los dientes inflamados, calma los dolores, atrae la flema y facilita su expulsión”, dijo.
Otra especie descrita fue Iyamolin, un arbusto que además de servir como jabón, cura tiñas, impétigo y “rompe los tumores ya maduros”.
“Hasta ahora sé que en Michoacán, según los datos que he recogido de viva voz, la usan para lavar los cobertores y lienzos de lana, aprovechando únicamente las espigas verdes, que sólo en este estado pueden servir”, escribió.
Manuel Urbina agregó que el Iyamolin, en ese momento (1897), estaba siendo estudiado en el Instituto Médico Nacional por sus propiedades médicas, las cuales serían en el futuro “de mucha importancia” y “útil de conocer”.

