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Celulares en las escuelas: los restringen, pero la evidencia no da una sola respuesta

excelsior.com

CDMX, 27 de septiembre de 2026.- El mundo está apagando los celulares en las escuelas. Pero la pregunta que empieza a cobrar fuerza no es si hay que prohibirlos, sino si prohibirlos realmente mejora el aprendizaje. Mientras 114 sistemas educativos ya cuentan con restricciones nacionales —58% del total mundial—, la evidencia internacional arroja resultados distintos: algunos estudios encuentran beneficios académicos y sociales, mientras otros no detectan mejoras en el rendimiento.

La expansión ha sido acelerada. En junio de 2023, cuando la UNESCO comenzó a monitorear esta política, sólo 24% de los países tenía una prohibición nacional; para principios de 2025 la proporción había llegado a 40% y para marzo de 2026 alcanzó 58%. Entre las incorporaciones más recientes aparecen Bolivia, Costa Rica, Croacia, Georgia, Maldivas y Malta. Y a partir del 3 de noviembre, México

La preocupación que impulsa estas medidas es compartida: la distracción que generan los teléfonos dentro de los salones y sus posibles efectos sobre el bienestar, la convivencia y el aprendizaje. Sin embargo, los países no han elegido una sola fórmula.

En algunos casos se optó por una prohibición nacional. En otros, por regulaciones que dejan en manos de cada escuela la definición de las reglas. También existen sistemas que permiten excepciones

Uno de los casos más recientes es Inglaterra. Desde este año, las escuelas deben aplicar políticas que prohíban el uso de teléfonos celulares durante toda la jornada escolar, incluidos los periodos entre clases, los recreos y la hora de comida.

La medida se apoya, entre otros argumentos, en la preocupación por las distracciones que generan los dispositivos. El gobierno británico reporta que 58% de los estudiantes de secundaria —65% entre quienes cursan los últimos grados— señaló que los teléfonos se utilizan sin autorización al menos en algunas clases.

Pero ¿Qué ocurre cuando se mide el efecto de las restricciones?

Uno de los estudios más citados es el realizado en Inglaterra por Louis-Philippe Beland y Richard Murphy. Al analizar políticas de prohibición en escuelas de cuatro ciudades y contrastarlas con datos administrativos de rendimiento, los investigadores encontraron un incremento de alrededor de 0.07 desviaciones estándar en los resultados de exámenes después de las prohibiciones. El efecto se concentró en los estudiantes con menor rendimiento previo.

Noruega también ha registrado resultados favorables. Una investigación de Sara Abrahamsson, basada en datos administrativos y políticas de uso de smartphones en escuelas secundarias, encontró que las prohibiciones se asociaron con menos bullying y, entre las alumnas, con mejores calificaciones y una mayor probabilidad de ingresar a programas académicos de educación media superior. Los efectos fueron mayores entre las estudiantes de menor nivel socioeconómico.

Sin embargo, la historia cambia en Suecia.

Un estudio que utilizó una metodología similar a la investigación inglesa no encontró efectos de las prohibiciones sobre el rendimiento académico de los estudiantes suecos. Los autores incluso señalaron que podían descartar ganancias pequeñas en el desempeño.

La evidencia acumulada tampoco permite concluir que una prohibición, por sí misma, resuelva el problema de aprendizaje. Una revisión de estudios cuantitativos publicada en 2024 encontró un efecto estadísticamente significativo, pero modesto, y mayor en aspectos de bienestar social que en rendimiento académico.

Una revisión oficial del gobierno británico llegó a una conclusión similar: los resultados sobre rendimiento académico son inconsistentes y dependen del contexto y de los grupos estudiados. Algunos trabajos encuentran mayores beneficios entre estudiantes de menor rendimiento o de contextos socioeconómicos desfavorecidos, mientras otros estudios con muestras nacionales no reproducen esos efectos.

Así, mientras una parte creciente del mundo educativo intenta recuperar espacios libres de distracciones digitales, la evidencia disponible sugiere que quitar el teléfono del aula puede producir determinados beneficios, pero no constituye por sí solo una solución al problema de atención, aprendizaje o bienestar de los estudiantes.

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