Música mexicana estampada en timbres
* La música mexicana no murió, viajará por el mundo pegada en un sobre
En un evento de pura piel chinita en la Casa Alfonso Esparza, Correos de México y la Sociedad de Autores y Compositores de México le pusieron altar de papel a cinco inmortales que nos enseñaron a amar, a sufrir y a tomar: María Grever, Consuelo Velázquez, Ema Elena Valdelamar, Tomás Méndez y José Alfredo Jiménez. Cinco nombres que ahora son timbre postal, memoria filatélica, oro puro.
El acto protocolario por el primer día de emisión de la Colección de Timbres Postales del Catálogo de Oro del SACM parecía alfombra roja de los Grammy del más allá. Ahí estaba Violeta Abreu González, directora general de Correos de México, radiante, encabezando la ceremonia junto al presidente del Consejo Directivo de la SACM, Martín Urieta, y su director general, Roberto Cantoral Zucchi, heredero de otro gigante. A su lado, Darío Valdelamar, director del catálogo e hijo de Ema Elena Valdelamar, con el nudo en la garganta, y las familias de cada compositor, custodias de la leyenda.

Violeta Abreu soltó el dato que hizo vibrar la sala: un millón 500 mil estampillas salen a circulación, 300 mil por cada diseño. «Porque la música, al igual que la mensajería, une aquello que la distancia separa», dijo, y la frase se hizo canción. Reconoció que estos cinco genios construyeron, entre todos, el cancionero sentimental de México, ese que todos tarareamos aunque no queramos.
El chisme filatélico es de colección: Cada estampilla lleva la fotografía del compositor y un fragmento de su rola más inmortal, esa que nos rompió el corazón. No es solo un timbre, es un pedacito de historia pegado con saliva.

«Este homenaje no es solamente para nuestras compositoras y compositores, honramos también a sus familias que conservan todos los días viva su memoria», remató Abreu entre aplausos.
Martín Urieta, con sonrisa de picardía, reveló la bomba: esta es solo la primera edición. Vienen más sellos, más homenajes, más leyendas mexicanas que merecen lamer su propio timbre. Roberto Cantoral Zucchi lo dijo bonito: El timbre postal es un reconocimiento maravilloso al trabajo de los creadores, a esos personajes extraordinarios que con su música traspasaron fronteras y llegaron a los lugares más increíbles del mundo.

Y es que esta emisión es un viaje en el tiempo. Son creadores que transitaron por distintas épocas con estilos propios y proyectaron la identidad de México al mundo. Ahora sus nombres viajarán en el medio más romántico y antiguo: el correo postal, patrimonio que todavía circula.
La joya para los coleccionistas ya está en la calle: 300 mil timbres por cada compositor, más mil hojillas filatélicas y mil sobres de primer día de emisión que ya se pelean en la tienda filatélica del Palacio Postal y en CorreosClic.
Ahí van los cinco de oro: María Grever (1885–1951), la guanajuatense que fue la primera compositora mexicana en conquistar el mundo con «Júrame» y «Cuando vuelva a tu lado». Consuelo Velázquez (1916–2005), la jalisciense del piano que nos dio el beso más cantado del planeta, «Bésame mucho».
Ema Elena Valdelamar (1925–2012), la chilanga que le puso voz de mujer a la despecho con «Mucho corazón» y «Cheque en blanco». Tomás Méndez (1926–1995), el de Fresnillo, Zacatecas, que nos hizo llorar a moco tendido con «Cucurrucucú paloma» y «Paloma negra». Y José Alfredo Jiménez (1926–1973), el Rey de Dolores Hidalgo, el poeta cantinero que nos dejó «El Rey» y «Si nos dejan».
Cinco timbres, cinco vidas, un solo México que canta.