«SOMOS MÉXICO» LLEGA FUERTE
En días pasados, el Instituto Nacional Electoral dio el visto bueno para la conformación de dos nuevos partidos políticos: «Somos México» y «Construyendo Sociedades de Paz».
Estos nuevos institutos políticos ya podrán participar en las elecciones venideras de 2027, jornada electoral que será el parteaguas para el partido en el poder.
La primera, «Somos México», con una amplia aceptación entre la sociedad mexicana, nace bastante fortalecida, con auténticos líderes sociales conformando su padrón y en medio de una severa crisis de los partidos políticos.
Tomando las riendas de «Somos México», Guadalupe Acosta Naranjo se echa el trompo a la uña y asume la responsabilidad social de entregar buenas cuentas a sus miles de seguidores, pero, sobre todo, a millones de mexicanos que están ávidos de una auténtica y transparente rendición de resultados positivos.
Fue la Asamblea Nacional Constitutiva la que nombró a Acosta Naranjo como su tlatoani.
El experredista sabe hilar fino; es un personaje que conoce al dedillo los drenajes de la política mexicana. Es un auténtico líder y, en su momento, fue de lo poco rescatable que tuvo el extinto Partido de la Revolución Democrática.
Llevando como segunda de a bordo a Cecilia Soto, excandidata presidencial del membrete ese llamado Partido del Trabajo, se espera que su estreno en las urnas sea bastante decoroso, con un porcentaje más que aceptable. Recordemos que «Somos México», sin participar y antes del registro, la casa encuestadora Mitofsky ya lo ubicaba con un 7 por ciento de aceptación electoral, cuando el partido en el poder, allá por 2015, apenas logró un 8 por ciento de la votación nacional.
Aquí lo realmente curioso son las trabas que le está poniendo el Instituto Nacional Electoral, ya que lo condicionó a cambiar el nombre y el color rosa, mismo que desde hace tiempo lo distingue.
Por acuerdo del Consejo General del INE, el Comité Ejecutivo Nacional deberá cambiar el logotipo, emblema y color, aunque la marca ya permeó y está identificada en diversos segmentos de la ciudadanía del país. Lo anterior, sin lugar a dudas, es un agravio para el recién nacido partido político.
Debido a lo anterior, ahora surge la pregunta:
¿Acaso el INE también habrá de llamar a cuentas a muchos otros actores, institutos o agrupaciones políticas que utilizan el sustantivo propio «México»?