Héctor Yunes – Mercader de la política
Vaya que el representante popular local es una porquería.
La clase política veracruzana conoce la trayectoria del primo hermano de Miguel Ángel. Es un vividor, un presupuestívoro en toda la extensión de la palabra. Es un tipo que ha acumulado fortuna al amparo del poder político.
Un sujeto de mecha corta, un verdadero peleador callejero y, como dice la máxima popular, “cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde”.
Y es precisamente lo que hace con su líder nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, cuando, sin calidad moral para hacerlo, se le va encima.
Ahora, sacando raja de la tragedia que viven los paisanos en el norte de la entidad debido a las fuertes lluvias, critica sin ton ni son; lo hace sin mayor ánimo de ayudar. Es protagónico. Su cinismo no conoce fronteras, de allí que sus señalamientos los haga cómodamente desde su lujosa camioneta.
El choleño es gente no grata; es un político que actúa al calor del impulso, de la emoción, siempre ambicionando llevar agua a su molino.
Héctor Yunes Landa es muy proclive a la traición, a la deslealtad, acciones que dieron paso a ya no ser bien visto en Palacio de Gobierno. La gente cercana a la gobernadora Rocío Nahle de ventajoso y miserable no lo bajan.
El priista ya topó con pared; su compañero de cámara en el Congreso local ya le lanzó el reto.
Cuentan sus amanuenses que el priista está arrepentido de haber emitido, en días pasados, declaraciones referentes a las despensas encontradas en el recinto legislativo.
¿Ustedes no creen? Nosotros tampoco.
Ahora Héctor tendrá que recurrir a lo suyo para medio aliviar la situación. Por supuesto que nada de trabajo le habrá de costar.
Provecho.
Por cierto, el primo de Miguel Ángel aún anda acelerado por ser candidato a la gubernatura en el 2030.
Pobre iluso.
PALO A LA MADROTA
Se acabaron las sonrisas.
Lejos están los tiempos de soberbia y altanerías.
Ahora, a enfrentar el brazo de la justicia, pero eso sí, repleta de billetes. Dinero hasta para echar para arriba, borrando de su mentecita esos tiempos de hambruna y escasez.
¿Y dónde están todos esos que le aplaudían, sus lacayos, sus cargamaletas?
¿Y Sandrita?
Por favor.