¡Hay que ayudar!
Poza Rica, entre el lodo y la devastación
* “El agua llegó como un fuerte golpe. Nadie lo esperaba”, repiten los vecinos
* Las colonias 27 de Septiembre, Morelos, La Quebradora, Ignacio de la Llave y Las Granjas quedaron inundadas, dejando a sus habitantes atrapados
* La escena remite a otro octubre, el de 1999, cuando la región vivió una tragedia semejante
* La solidaridad emergió: jóvenes formaron brigadas, mujeres repartían pan y café
Paco De Luna
Poza Rica, Ver., 10 de octubre del 2025.- La madrugada del viernes 10 de octubre, el silencio de Poza Rica fue interrumpido por un rugido que bajaba desde el río Cazones. En cuestión de minutos, el agua se apoderó de las calles, las avenidas y los hogares.
“El agua llegó como un fuerte golpe. Nadie lo esperaba”, repiten los vecinos una y otra vez, con la mirada perdida entre el lodo y los restos de sus pertenencias.

La colonia 27 de Septiembre parece una zona de guerra. Las calles se convirtieron en canales improvisados donde flotaron colchones, juguetes, muebles destruidos y decenas de vehículos atorados en postes, portones y paredes.
En Morelos, La Quebradora, Ignacio de la Llave y Las Granjas, los habitantes avanzan descalzos, hundidos hasta las rodillas en el fango, intentando rescatar lo poco que les quedó.
El desbordamiento del río no perdonó nada. Puertas arrancadas, portones torcidos, autos apilados unos sobre otros. Comercios enteros desaparecieron bajo el agua.

En la avenida Lázaro Cárdenas, la plaza Crystal fue invadida por el torrente; los escaparates se rompieron, los pasillos quedaron cubiertos de lodo, los locales, vacíos.
La escena remite a otro octubre, el de 1999, cuando la región vivió una tragedia semejante. Entonces, como ahora, los ríos Cazones, Tecolutla, Pantepec y Tuxpan reclamaron su cauce, dejando tras de sí destrucción, miedo y una herida que nunca terminó de cerrar.
La noche de este viernes 10 de octubre, a las 21:00 horas, aún había personas esperando auxilio en los techos de sus casas.

Desde el amanecer habían pedido ayuda, pero las corrientes impedían el acceso. Los cuerpos de rescate intentaban llegar en lanchas, sorteando vehículos sumergidos y árboles caídos.
En cada esquina, una historia: un desaparecido, una familia incomunicada, un vecino que no volvió a ser visto.
La solidaridad surgió entre el caos. Jóvenes improvisaron brigadas de apoyo, mujeres repartían pan y café, mientras llegaban camiones con víveres, agua y medicinas.

Pero el miedo también se transformó en desesperación: algunas tiendas fueron saqueadas, el sonido de los cristales rotos se mezclaba con los gritos de quienes buscaban sobrevivir.
Al caer la noche, muchas familias se acomodaron sobre las banquetas, con cobijas húmedas y miradas cansadas.

Los niños dormían entre charcos, mientras los adultos vigilaban el cielo, temiendo otra lluvia. Poza Rica amaneció cubierta de lodo, con el corazón dolido y la memoria encendida.
