“Todo, díganme por dónde empiezo”
Después de una larga carrera de alcoholismo y de consumo de drogas de más de 20 años, me acerqué a las puertas de un grupo de Alcohólicos Anónimos; derrotado, desilusionado, atemorizado, humillado, desesperado y con pocas ganas de seguir viviendo. Ese día, algo más fuerte que yo me hizo pedir ayuda.
En la sala de juntas de aquel grupo, estaba sentado un veterano que, al verme llegar, sonrió, me dio la mano y un caluroso abrazo como nunca antes nadie me lo había dado. Con gran cortesía y de una manera sin igual, me invitó a pasar y sentarme en la silla que estaba a su lado.
Ese recibimiento me hizo sentir mucha confianza y seguridad de que lo que estaba haciendo era lo mejor para mi vida.
Pronto el compañero veterano preguntó: “¿Tienes problemas con tu manera de beber?”, a lo que, con mucha vergüenza, respondí que sí, pero que ya no quería seguir bebiendo. Él, sabiamente, dijo estas palabras: “Has llegado al lugar adecuado. Si te disciplinas en los principios que te vamos a enseñar, podrás lograrlo”.
Inmediatamente sentí lo que siente un náufrago al encontrar un salvavidas, lo que siente un sediento al encontrar un oasis en medio del desierto, lo que siente un desahuciado al encontrar la cura para su enfermedad.
“Me regresó la vida”.
Pronto y sin perder tiempo, el veterano, de nueva cuenta, hizo otra pregunta; en esta ocasión fue: “¿Qué estás dispuesto a hacer para dejar de beber?”. Sin pensar, y sintiendo un gran impulso desde lo más profundo de mi ser, pronuncié la palabra “Todo”, seguida de la frase: “Díganme por dónde empiezo”.
Ya han pasado muchos años desde aquel día, y sigo recordando el compromiso que adquirí esa tarde en la que me recibió ese gran veterano.
“Felices 24 horas”
Distrito Ocho
Área Veracruz Dos