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Ley de Economía Digital

Esta misma semana quedó aprobada en el Senado de la República la Ley de Economía Digital para pagos digitales y electrónicos, la cual tiene como fin establecer las bases que regirán al comercio en nuestro país en el apartado de cobros, al cambiar de forma masiva los pagos en efectivo por pagos digitales.

Todo comenzó en una conferencia mañanera, cuando se presentó ante el pueblo la iniciativa de pagos digitales o electrónicos denominada «Ley de Economía Digital». La primera parte de su presentación se centró en la idea de acelerar los pagos digitales y permitir el uso del celular para pagar bienes y servicios.

Esto se aprovecharía de la infraestructura que ya tenemos del SPEI (Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios) y de CoDi (Cobro Digital), para realizar transferencias inmediatas. Por otro lado, se dijo que una de las aspiraciones con la implementación de la ley es impulsar la economía.

Pues, con esta, las tienditas, los pequeños negocios y las microempresas ya van a poder cobrar sin necesidad de utilizar efectivo.

En el apartado de bancarización, se habla de una nueva modalidad de cuenta bancaria para pequeños negocios, con apertura remota y sin fiscalización.

También el gobierno, en todos sus niveles, podrá aceptar pagos digitales para trámites y servicios.

¿Y hacia dónde va? Hacia una eliminación gradual del uso de efectivo. La idea no es mala en cuanto a la formalización de la economía y la inclusión financiera.

De la exposición, que después fue enviada en forma de iniciativa al Legislativo federal, se entiende que se innovará en aspectos que podrían facilitar la apertura de cuentas, incluso mediante la eliminación de comisiones por el uso de las cuentas especiales con las que se atenderá a los usuarios de esta economía paralela y social que se tiene en mente.

El problema no es ese; el problema es que México no es un país seguro para los usuarios de servicios financieros.

Las más de 35 mil quejas presentadas ante la Condusef entre enero y mayo de 2026 por posibles fraudes financieros son la prueba más fehaciente de ello.

Es decir, hasta el día de hoy, la experiencia nos dice que es más seguro tener dinero en efectivo que depositado en una tarjeta bancaria.

Pues, de un momento a otro, el dinero que está depositado puede desaparecer porque alguien, sin tu autorización, hizo una transferencia, una compra o una disposición, sin que pudieras anticiparte al robo, del que casi siempre el usuario afectado se entera hasta que recibe el mensaje: «Gracias por su pago» o «Transferencia exitosa».

Me llama poderosamente la atención cómo, hasta el momento, sigue sin advertirse un esfuerzo, ya no digamos serio, sino mínimo, para dar respuestas a las personas que diariamente resultan defraudadas y pierden sus ahorros.

Y la realidad es esta: con datos oficiales de la Condusef, los consumos no reconocidos tuvieron un incremento del 32.1 % al mes de julio de 2026, en comparación con el mismo periodo de 2025.

Asimismo, los consumos no reconocidos vía internet tuvieron un alza del 8.1 % en comparación con el año anterior, 2025.

Es decir, mientras siguen acumulándose expedientes sin resolver en la oficina de defensa de los usuarios de servicios financieros, los casos terminan turnados a una instancia judicial para que se revisen, analicen y esclarezcan, a fin de obtener alguna restitución del dinero.

Se pretende sumar a más personas, incluso a aquellas que aún no han caído en la dinámica de aventurarse en el mundo de los pagos digitales, cuando se sabe de sobra que se carece de medios reales para proteger y defender a quienes han sufrido un menoscabo en su patrimonio a causa de esta dinámica.

Por otra parte, la apertura de cuentas no es tan fácil como se dice, por lo menos no hasta ahora. Habría que ver la estrategia para implementar la nueva norma y saber cómo se evitará que los comerciantes, los prestadores de servicios y, sobre todo, los pequeños comerciantes generen más costos por el uso de la infraestructura de cobros, como sucede con las terminales.

¿Y cuál sería la forma de protegerlos también a ellos ante lo que se avecina con una ley que, reitero, suena bien, pero no convence en cuanto a sus fines? No solo por la dinámica que se ha planteado, sino también por la falta de certidumbre y los grandes riesgos a los que hemos sido expuestos quienes, desde hace tiempo, decidimos participar de manera activa en esto de la inclusión financiera.

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