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Se olvidaron de la grilla y bailaron a ritmo de La Sonora Santanera

El día parecía uno más en el Senado de la República: trajes oscuros, teléfonos celulares, cámaras de televisión, micrófonos, carpetas bajo el brazo y el ir y venir de funcionarios y periodistas. Pero algo estaba a punto de cambiar.

En el patio central, donde minutos antes dominaba el protocolo institucional, comenzó a escucharse una música que tiene la capacidad de romper cualquier solemnidad: la de La Sonora Santanera.

El Senado de la República abrió sus puertas a uno de los grandes sonidos de México para reconocer más de 71 años de trayectoria musical y su aportación a la cultura nacional.

La distinción fue entregada por el senador Luis Alfonso Silva Romo y recibida por Norma Colorado Almazán, hija del fundador Carlos Colorado Vera, y por Gilberto Navarrete, director general de la agrupación.

Pero después de los discursos, los reconocimientos y las fotografías oficiales, llegó el momento que nadie tenía que explicar.

Sonaron los primeros acordes y el ambiente cambió.

Los rostros serios se relajaron. Los celulares aparecieron para grabar. Algunos asistentes comenzaron a marcar el ritmo con los pies y, poco a poco, la política, el periodismo y el protocolo quedaron a un lado.

Senadores y periodistas bailaron al ritmo de La Sonora Santanera.

Sí, ahí estaban.

Los que normalmente corren detrás de una declaración, los que preguntan, los que responden, los que redactan, los que transmiten y los que ocupan una curul, todos compartiendo por unos minutos un mismo escenario musical… Era momento de tomarse la selfie con la musa María Fernanda, integrante de la Sonora.

Porque tanto los senadores como los periodistas… “lo saben…”

Lo saben porque basta escuchar las primeras notas para que aparezca la memoria. La música de La Sonora Santanera no necesita presentación. Se reconoce, se canta y, cuando menos se espera, también se baila.

La agrupación, fundada hace 71 años por Carlos Colorado Vera, llegó al Senado con un legado que ha pasado de generación en generación. El propio senador Luis Alfonso Silva Romo destacó su aportación a la cultura mexicana y la importancia de mantener viva esta música entre las nuevas generaciones.

Norma Colorado Almazán, visiblemente emocionada, habló del legado de su padre y reconoció la manera responsable y profesional con la que Gilberto Navarrete ha cuidado y dirigido la agrupación.

Navarrete, por su parte, dejó claro que el reconocimiento representa un estímulo para continuar llevando en alto la herencia del maestro Colorado y conquistar a nuevas generaciones.

Y entonces llegó el recuerdo de: «Luces de Nueva York”, “Por las Calles de México”, “Pena Negra”, “Mi Razón”, “Tita”, “Perfume de Gardenias”, “¿Dónde Estás Yolanda?”, “El Ladrón”, “A Muchos Años” y, para cerrar con broche de oro, “La Boa”.

La solemnidad se convirtió en fiesta.

El Senado dejó por un momento de ser únicamente escenario de discursos, iniciativas, debates y votaciones.

Se transformó en un pequeño espacio de baile, recuerdos, melancolía y bohemia, afirmando que la música de la Santanera siempre hace lo que sabe hacer desde hace más de siete décadas: juntar generaciones, derribar formalidades y provocar sonrisas.

Las cámaras registraron el momento; los periodistas dejaron por instantes la libreta y el micrófono; los senadores abandonaron la rigidez del protocolo.

Y todos siguieron el ritmo.

Porque hay canciones que se escuchan.

Y hay canciones que se viven.

La Sonora Santanera pertenece a esas últimas.

Así terminó el reconocimiento del Senado: no solamente con un diploma, aplausos y discursos, sino con música, recuerdos y baile.

Una escena urbana, muy mexicana y muy santanera.

Porque tanto los senadores como los periodistas… lo saben.

Cuando toca La Sonora Santanera, hasta el Senado se pone a bailar.

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