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Perdidos y de capa caída, el panismo en Veracruz

En el PAN de Veracruz parecen vivir atrapados en el año 2000 o 2006. Se comportan como si todavía fueran una maquinaria electoral capaz de arrasar en las urnas, cuando hoy enfrentan una realidad muy distinta. Pretender ir solos en 2027 no parece una demostración de fortaleza, sino de soberbia y desconexión.

Desde la llegada de Ana Ledezma se advertía que era un perfil poco competitivo para conducir al partido hacia una elección particularmente difícil. Al PAN le urgen experiencia, operación política, candidatos competitivos y buenas propuestas; pero cuando escasea todo eso y sobra autosuficiencia, el resultado puede ser explosivo.

Si en alianza el panorama ya pinta mal, en solitario podría ser devastador. De las 30 diputaciones locales de mayoría relativa que estarán en juego —las que se ganan directamente con el voto ciudadano en cada distrito—, el PAN podría terminar levantando la mano en una sola. Sí, una de 30. Habrá que separar, desde luego, las plurinominales que pudiera obtener; aquí hablamos de ganar en las urnas. Bajo esa perspectiva, una segunda victoria distrital sería presentada casi como una hazaña.

Y mientras Morena, PT y Verde avanzan en la construcción de su coalición, Acción Nacional corre el riesgo de llegar a la elección disminuido y creyéndose todavía protagonista. Una cosa es competir con dignidad y otra muy distinta lanzarse al precipicio convencidos de que saben volar. Después vendrán las explicaciones, los culpables y, seguramente, el clásico “no supimos comunicar ni convencer al electorado”.

El PAN veracruzano necesita un baño de realidad. El 2027 no será el 2000 ni el 2006 y las elecciones no se ganan con recuerdos. A este paso, Morena ni siquiera tendrá que hacer demasiado para contenerlos: Ana Ledezma y compañía parecen dispuestos a convertir al PAN en un partido que celebre como triunfo ganar apenas uno de los 30 distritos locales.

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