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Invade sargazo al Caribe

El Caribe mexicano vive una pesadilla verde y amarilla que no da tregua. En 2026, el sargazo alcanzó cifras que nadie imaginaba. Lo que antes era un fenómeno esporádico se convirtió en una avalancha diaria que cubre playas, asfixia arrecifes y pone en jaque a todo un paraíso turístico, comentó la investigadora de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, Rosa Elisa Rodríguez Martínez.

Lo resume con crudeza: “En 2026, el arribo de sargazo pelágico al Caribe alcanzó niveles récord, convirtiéndose en una de las mayores crisis ambientales que ha enfrentado la región.

Agregó que las enormes acumulaciones de esta alga flotante han afectado playas, arrecifes, bahías, manglares y praderas marinas, además de generar importantes impactos económicos, de salud y sociales”.

Los números marean. Según Alicia Bárcena Ibarra, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en un año promedio navegan por el Caribe mexicano alrededor de 40 mil toneladas diarias de sargazo.

En 2026, esa cifra se disparó a 90 mil 538 toneladas cada día. De ese volumen, aproximadamente el 10 por ciento recala en las costas de Quintana Roo. Cuando el fenómeno está en su pico máximo, llegan 9 mil 54 toneladas diarias a las playas quintanarroenses; en periodos promedio son 4 mil y, en los más bajos, 2 mil 640.

“Este año la cantidad fue cuatro veces mayor que en 2025 y 27 veces superior al promedio histórico”, subrayó Bárcena el 30 de julio en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Hasta hace poco más de una década, el sargazo se concentraba casi exclusivamente en el Mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte. En 2011 comenzó una explosión que lo llevó primero al Caribe oriental y, desde 2014, al resto del Caribe, al Golfo de México y a costas de América y África. Nació así el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una franja que se extiende desde África occidental hasta el Golfo de México.

Los datos satelitales del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida confirman la tendencia: la biomasa en el Atlántico pasó de unos 63 millones de toneladas en 2018 a 214 millones en 2025.

En 2026, durante el primer trimestre, fue aún mayor que el año anterior; entre abril y julio se estabilizó entre 26 y 38 millones de toneladas mensuales. Pero en el Caribe occidental el salto fue brutal: de un millón de toneladas en abril de 2025 a cuatro millones en 2026. En junio pasó de 2.4 a 3.6 millones.

Los reportes de la Secretaría de Marina confirman que la amenaza no cede: hasta el 6 de agosto, el Caribe mexicano acumulaba 18 mil 229 toneladas, mientras en el Atlántico Central Occidental se contabilizaban 168 mil 427.

¿Por qué tanto sargazo? Rodríguez Martínez explica que la combinación de cambios en vientos y corrientes oceánicas, junto con un aumento de nutrientes (nitratos y fosfatos) en el Atlántico tropical, creó condiciones ideales para una reproducción sin precedentes. El cambio climático, las tormentas, huracanes y frentes fríos también juegan su papel: pueden matar parte del alga en alta mar o, por el contrario, empujarla con más fuerza hacia las costas.

 

Las consecuencias ya se sienten en carne propia. En Puerto Morelos, miles de peces murieron por la falta de oxígeno provocada por la descomposición del sargazo. Pastos marinos, tortugas, bahías y manglares también sufren. En Tulum, las estrategias de control no bastan: algunos hoteles cerraron o planean operar solo unos meses al año. En Playa del Carmen se registran cierres y una caída notable en la actividad de restaurantes y comercios.

Cabe destacar que la salud pública también está en riesgo. Quienes recogen el sargazo en descomposición y quienes viven frente al mar respiran gases altamente tóxicos que provocan dolor de cabeza, irritación de ojos, nariz y garganta, náuseas y mareos. Además, el alga contiene arsénico, cadmio y plomo que pueden llegar a las cadenas alimenticias.

En comunidades como Punta Allen y María Elena, dentro de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, la gente simplemente dejó de ir a la playa.

Frente a la emergencia, la Secretaría de Marina despliega dos buques sargaceros, 11 sargaceras costeras, embarcaciones anfibias y personal coordinado con gobiernos estatales y municipales. Se invertirán más de 2 mil millones de pesos en dos etapas. La primera, de 768.7 millones, busca elevar la capacidad de recolección en el mar a 1 mil 870 toneladas diarias con nuevos remolcadores, sargaceras, barreras dinámicas y 50 kilómetros de barreras de contención en Playa del Carmen, Cancún, Tulum, Puerto Morelos y Mahahual.

Rodríguez Martínez insiste en que el monitoreo satelital permite anticipar los arribos con meses de anticipación y que las barreras de contención pueden retener hasta el 90 % del sargazo… siempre que se instalen en sitios con protección natural contra el oleaje. No todas funcionan igual y hay que evaluar cuidadosamente dónde colocarlas.

Mientras tanto, el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico sigue creciendo. El Caribe mexicano ya no es el mismo. Lo que antes era arena blanca y agua turquesa ahora se disputa cada día con un manto de algas que huele a podrido, mata vida marina y pone en jaque el futuro de una de las joyas turísticas de México.

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