¡Voz maya que rompió el silencio!
En el corazón de Mérida, donde el calor se mezcla con el eco de las piedras antiguas y el maya aún susurra entre las calles, nació Isabel Piñeyro. Tiene 26 años, es cantautora y hoy se presenta como una de las voces que representan las culturas originarias en el certamen México Canta.
Orgullosa yucateca hasta la médula, sube al escenario con la humildad de quien pide permiso antes de cantar y con la fuerza de quien ya no se esconde.
“Orgullosamente yucateca, y hoy, con su permiso, voy a interpretar una canción de una de mis mayores inspiraciones en la música, Selena”, dice. Y en ese gesto sencillo se revela toda una historia: la de una niña que creció sintiéndose insegura de sus raíces, convencida de que nunca podría llegar a ser una artista grande.
Hoy se para frente al público y declara lo contrario con la voz temblando de emoción y de certeza.
Isabel no nació mayahablante nativa. Sin embargo, cada día se adentra más en la lengua de sus ancestros.
“Creo que es importante que, como jóvenes que nos seguimos desarrollando, nos sigamos adentrando en esta cultura”, confiesa.
Aprendió a traducir canciones junto a grandes maestros, a mezclar géneros contemporáneos con la sonoridad del sureste y a llevar el maya no solo en el regional mexicano, sino en formas nuevas que el concurso ahora también celebra.
“Yo crecí como una niña muy insegura de mis raíces y del lugar de donde yo venía”, recuerda. “Yo creí que nunca iba a poder llegar a ser una artista tan grande”. Esa inseguridad se transformó en misión. Para ella, ver artistas que se expresan desde su lengua y desde sus raíces es un regalo para las nuevas generaciones. “Estoy enamorada de mi cultura y de mi estado de Yucatán y me encanta representarlo en la música porque lo hago con mucho orgullo, con mucho respeto”.
No se siente sola. “A pesar de que dentro del concurso soy la representante de las culturas originarias, creo que no soy la única y yo lo digo mucho: Yo camino junto a mi cultura”.
En Mazatlán, en la semifinal, presentará la música con la que creció en el sureste: no siempre el regional que suena en el norte, sino esa otra corriente sonora que también es México y que ella lleva con el pecho abierto.
Isabel Piñeyro no solo canta. Repara la distancia que alguna vez sintió hacia su propio origen. Y mientras interpreta a Selena o traduce versos al maya, convierte el escenario en un puente entre lo antiguo y lo contemporáneo, entre la inseguridad de una niña y el orgullo de una mujer que ya no pide permiso para existir, sino que lo ofrece con gratitud.