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Entre Vietnam y Palestina. Manipulación de imágenes en la guerra

Ciudad de México, 4 de agosto de 2026.- La mañana del 16 de marzo de 1968, el ejército estadounidense atacó la aldea de My Lee en Vietnam, persiguiendo al Ejército de Liberación Nacional. Primero entraron los militares a disparar contra todo lo que se moviera, a quemar las casa, a destruir los cultivos y matar el ganado. No había ningún guerrillero, sólo niños, ancianos y mujeres, pese a los cual se inició la matanza con metralletas y luego un bombardeo con napalm. Al final quedó “un reguero de cadáveres”, según los relatos.

Las imágenes en blanco y negro de montones de cuerpos, se publicaron en diarios y revistas de todo el mundo, sobresaliendo la famosa imagen un grupo de niños que van corriendo y llorando por las quemaduras del napalm, y son encabezados por una niña desnuda que grita de dolor. Este hecho causó una conmoción que se tradujo en movilización multitudinarias contra la guerra y contra el imperialismo, que abarcó a ciudades norteamericanas. Para evitar la atención de la juventud estadounidense en estos temas la inteligencia norteamericana permitió una masificación en el consumo de drogas, aprovechando los festivales masivos de rock de aquel tiempo. La campaña tuvo mucho éxito pues en poco tiempo las protestas fueron sustituidas por el movimiento Hippie y convirtieron a Estados Unidos en el primer consumidor mundial de drogas y en el país que se cometen más asesinatos masivos. Al mismo tiempo hubo un mayor control sobre las imágenes publicadas en revistas y periódicos.

Disminuyeron también las protestas globales contra las guerras, o quedaron reducidas a los sectores mejor informados, como algunos intelectuales y estudiantes, pero ya no fue un fenómeno masivo, como en 1968. ¿Qué es lo que ocurrió?, ¿Por qué, por ejemplo, no hay protestas multitudinarias ante las matanzas masivas que solamente en la Franja de Gaza, han dejado mucho más que los 502 muertos de My Lee?: para ser precisos, los ataques de Israel han ocasionado73 mil 336 asesinados y 174 mil heridos. Muchos de estos heridos son niños que han quedados mutilados de una o más extremidades, o quemados por efecto de las bombas. Son miles y nunca vemos sus imágenes. ¿Códigos de conduta para proteger la dignidad y la privacidad de las personas, que ya fueron asesinadas? ¿puede haber algo más denigrante que haberlas asesinado?

Si prescindimos de tendencias políticas humanistas, en comunicación política nos encontramos con el arte de engañar y manipular la información, y se afirma: “lo que no se dice no ocurrió”. Pero de la misma manera se puede decir: “lo que no se ve no ocurrió”. Esto es, imágenes de niños revolcándose de dolor por la quemadura de las bombas; o gritos de desesperación de ese niño que clama: “soy el único que queda de mi familiar, todos han muertos, mis papás, mis tíos, mis tías, mis hermanos, todos fueron martirizados”, son imágenes que sólo conocen los que están cerca.

Esta política de ocultar las fotografías tiene un rostro “humanista” en los códigos de ética que difunde, por ejemplo, en la Cruz Rosa Internacional (https://blogs.icrc.org/law-and-policy/es/2024/09/26/por-que-al-cicr-le-preocupa-la-difusion-de-informacion-danina-en-la-guerra/): “Evitar la información dañina contra el bienestar psicológico y físico de las personas que puede exacerbar el odio, la violencia y el conflicto… Se pueden socavar los marcos jurídicos internacionales, la protección con información ilícita que puede redundar en violación del derecho internacional”. Ninguno de estos argumentos se compara con la violencia de la guerra misma, ni con la violación sistemática de las leyes internacionales que esta ocasiona, de manera que lo que se pone de manifiesto es el interés por ocultar los crímenes de guerra ante la opinión pública mundial.

Lo grave es que, pese a que miles de personas han muerto y siguen muriendo en Palestina, lo único que se transmite en los medios de comunicación son imágenes que muestran el poderío de las potencias como Israel o Estados Unidos: el poder destructor de las bombas que derrumban edificios completos, las columnas de humo que producen las explosiones y el avance de tanques y aviones. Nada más. No hay cadáveres, no aparecen personas sufriendo por las heridas.

Otro ejemplo: el domingo 2 de agosto de 2026 la Unicef dio a conocer que en la guerra de Irán, habían muerto por los ataques estadounidense, 250 niños por los bombardeos, incluyendo 170 niñas de una escuela. Pero los medios monopólicos internacionales, aparentemente preocupados por respetar los códigos de ética, no han mostrado ningún menor herido o muerto. No protegen la intimidad, la revictimización de las personas ni, ni están preocupados por su dignidad como cadáveres; lo único que protegen es la imagen pacifista que quieren mostrar países dominantes, que, entre otras, cosas, ejercen un control decisivo sobre los medios transnacionales de la comunicación.

France 24, a su vez, tiene numerosos reportajes sobre los muertos que provocan los bombardeos del Israel en Gaza, aparecen montañas de escombros, niños jugando sobre ellos, testimonios de las personas que han perdido a su familia, cuerpos de muñecas o de o de maniquíes entre los derrumbes, pero nunca cuerpos humanos. La intención no es humanizar la guerra ocultando las tragedias, sino deshumanizarla, ocultando la realidad, pues, al final, lo que no se ve no existe.

 

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