¡Cuba… Siempre Cuba!
El pasado viernes 24 de julio del año en curso, durante la recepción en el Palacio Municipal de Xalapa del embajador de la República de Cuba en México, Exmo. Eugenio Martínez Enríquez; de la embajadora segunda, jefa de Misión, Johana Ruth Tablada de la Torre; y de la cónsul de Cuba en Veracruz, Elisa Martínez Martínez, fue inevitable recordar memorias y pasajes de vida que vinieron a mi mente como cascada de agua fresca, acerca de la histórica y fraternal relación que prevalece entre Cuba y Xalapa, que expongo brevemente.
Lo primero que recordé y comenté fue que uno de los primeros directores de la Escuela Normal Veracruzana, durante el porfiriato, fue el cubano Emilio Fuentes y Betancourt, abogado y pedagogo reconocido en el ámbito de la enseñanza durante aquellos tiempos, y que venía de coordinar proyectos relevantes en distintos países latinoamericanos. Fuentes y Betancourt abrió la veta para el conocimiento de nuevas metodologías de enseñanza y el acercamiento con autores desconocidos en aquel momento, que lxs docentes en ciernes aprovecharon para su formación magisterial.
Más tarde, Xalapa se convirtió en un polo atractivo para cubanos: artistas, músicxs, atletas, pedagogxs, entrenadorxs, médicxs y un sinfín de profesionistas que vinieron a contribuir y nutrir a la capital veracruzana con su talento, alegría y pasión por su oficio. Algunos trabajaron en el Gobierno del Estado, la Universidad Veracruzana, otros más en la Normal Veracruzana y en otras instituciones públicas y privadas, siempre mostrando jerarquía técnico-académica, con otra perspectiva que les había dado el haberse formado en países de Europa del Este, como parte de su pertenencia política al bloque socialista. Muchos de ellxs dejaron buen legado, formación y excelentes recuerdos entre la sociedad xalapeña.
En la década de los años noventa del siglo pasado, mientras el pueblo cubano enfrentaba el agresivo embate del embargo económico por parte de Estados Unidos, en Casa de Artesanías de la UV distintos colectivos y agrupaciones civiles nos uníamos para coincidir con el proyecto denominado ¡Va por Cuba!, en el que, entre otras actividades, se organizaban bailes con orquestas de salsa cubanas y locales, y mediante la donación de productos de la canasta básica, como arroz, frijol, alimentos enlatados, entre otros, se podía ingresar al evento para refrendar la solidaridad y el cariño por el pueblo cubano. El baile, utilizado como pretexto, era un ejercicio de disidencia y de rotunda protesta antiimperialista. Lo recaudado durante varias jornadas de culto a la cultura caribeña era enviado a la isla por medio de organismos nacionales vinculados con la izquierda mexicana y con promotores locales, quienes hacían la entrega a nombre del pueblo xalapeño. Como parte de esta relación de reciprocidad, en 1993 vinieron a Xalapa una delegación isleña que incluyó a los hijos de Ernesto “Che” Guevara, Camilo y Ernesto, quienes convivieron y bailaron con lxs xalapeñxs hasta pasada la medianoche. Recientemente, otra hija del “Che”, Aleida, también estuvo en la capital de Veracruz como parte de las actividades del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, proyecto que aún sigue vigente.
A principios del presente siglo, con un grupo de cubanos que venían a cursar distintos posgrados en la Universidad Veracruzana, en CIESAS y otros institutos de investigación del sureste mexicano, nos reuníamos en el local de Agustín de la Cruz, un cubano exmedallista panamericano de judo y, a la postre, entrenador de niños xalapeños campeones. Agustín semanalmente nos recibía con ron, mojitos, tostones, arroz congrí, ropa vieja y otras delicias más; pasábamos largas jornadas de discusión sobre temas ideológicos, deportivos y culturales. Después de la degustación gastronómica venía un lapso de sobremesa para fumarse un buen Montecristo, Partagás o Popular, y quien lo tenía, se deleitaba con un aromático Cohiba; siempre teniendo de fondo a Barbarito Diez, Pancho Amat, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Sierra Maestra, Trío Matamoros, Los Van Van y, ya entrada la noche, venían Omara Portuondo, Carlos Puebla, para cerrar con los imprescindibles Milanés y Silvio. Diálogos muy interesantes en donde se anteponía la amistad, la fraternidad, el respeto a la disidencia y el gusto por el son montuno.
Cuba no pasará de moda. Su lucha histórica, fortaleza y resistencia ante el feroz y más despiadado ataque exterminador, sin armas, por parte de Estados Unidos, ha sido y seguirá siendo motivo de muchas reflexiones, tinta y papel. Aquella nación hermana, cuyos hijos de la Revolución se convirtieron en estandarte para universitarixs y luchadorxs sociales de las últimas seis décadas. En las aulas, en las protestas callejeras, en paros laborales, estudiantiles, magisteriales, en actos culturales y cívicos, salían inevitablemente imágenes, consignas y banderolas de Fidel, del “Che” y de Camilo, quienes han sido el gran ícono de la protesta en contra de la barbarie norteamericana.
Cuba seguirá siendo paradigma, ciertamente sufrida, marginal, pero digna; enigmática, prodigiosa, aparentemente abatida, pero de pie; con escasez, pero con la frente en alto; con una vida difícil, pero resolviendo en el día con día. Cuba socialista vive con metástasis en la era Trump.
No obstante, Cuba es una bella poesía, una magnética poesía, que está descalza, pero ilustrada; bullanguera, pero taciturna; con caña, pero sin azúcar; romántica, aunque desgarrada; rebosante, pero carente; orgullosa, pero vejada; musical, pero sin lentejuelas; libre, pero cercada… por eso es Cuba… ¡Siempre Cuba!
En la década de los años noventa del siglo pasado, mientras el pueblo cubano enfrentaba el agresivo embate del embargo económico por parte de Estados Unidos, en Casa de Artesanías de la UV distintos colectivos y agrupaciones civiles nos uníamos para coincidir con el proyecto denominado ¡Va por Cuba!, en el que, entre otras actividades, se organizaban bailes con orquestas de salsa cubanas y locales, y mediante la donación de productos de la canasta básica, como arroz, frijol, alimentos enlatados, entre otros, se podía ingresar al evento para refrendar la solidaridad y el cariño por el pueblo cubano. El baile, utilizado como pretexto, era un ejercicio de disidencia y de rotunda protesta antiimperialista. Lo recaudado durante varias jornadas de culto a la cultura caribeña era enviado a la isla por medio de organismos nacionales vinculados con la izquierda mexicana y con promotores locales, quienes hacían la entrega a nombre del pueblo xalapeño. Como parte de esta relación de reciprocidad, en 1993 vinieron a Xalapa una delegación isleña que incluyó a los hijos de Ernesto “Che” Guevara, Camilo y Ernesto, quienes convivieron y bailaron con lxs xalapeñxs hasta pasada la medianoche. Recientemente, otra hija del “Che”, Aleida, también estuvo en la capital de Veracruz como parte de las actividades del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, proyecto que aún sigue vigente.
A principios del presente siglo, con un grupo de cubanos que venían a cursar distintos posgrados en la Universidad Veracruzana, en CIESAS y otros institutos de investigación del sureste mexicano, nos reuníamos en el local de Agustín de la Cruz, un cubano exmedallista panamericano de judo y, a la postre, entrenador de niños xalapeños campeones. Agustín semanalmente nos recibía con ron, mojitos, tostones, arroz congrí, ropa vieja y otras delicias más; pasábamos largas jornadas de discusión sobre temas ideológicos, deportivos y culturales. Después de la degustación gastronómica venía un lapso de sobremesa para fumarse un buen Montecristo, Partagás o Popular, y quien lo tenía, se deleitaba con un aromático Cohiba; siempre teniendo de fondo a Barbarito Diez, Pancho Amat, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Sierra Maestra, Trío Matamoros, Los Van Van y, ya entrada la noche, venían Omara Portuondo, Carlos Puebla, para cerrar con los imprescindibles Milanés y Silvio. Diálogos muy interesantes en donde se anteponía la amistad, la fraternidad, el respeto a la disidencia y el gusto por el son montuno.
Cuba no pasará de moda. Su lucha histórica, fortaleza y resistencia ante el feroz y más despiadado ataque exterminador, sin armas, por parte de Estados Unidos, ha sido y seguirá siendo motivo de muchas reflexiones, tinta y papel. Aquella nación hermana, cuyos hijos de la Revolución se convirtieron en estandarte para universitarixs y luchadorxs sociales de las últimas seis décadas. En las aulas, en las protestas callejeras, en paros laborales, estudiantiles, magisteriales, en actos culturales y cívicos, salían inevitablemente imágenes, consignas y banderolas de Fidel, del “Che” y de Camilo, quienes han sido el gran ícono de la protesta en contra de la barbarie norteamericana.
Cuba seguirá siendo paradigma, ciertamente sufrida, marginal, pero digna; enigmática, prodigiosa, aparentemente abatida, pero de pie; con escasez, pero con la frente en alto; con una vida difícil, pero resolviendo en el día con día. Cuba socialista vive con metástasis en la era Trump.
No obstante, Cuba es una bella poesía, una magnética poesía, que está descalza, pero ilustrada; bullanguera, pero taciturna; con caña, pero sin azúcar; romántica, aunque desgarrada; rebosante, pero carente; orgullosa, pero vejada; musical, pero sin lentejuelas; libre, pero cercada… por eso es Cuba… ¡Siempre Cuba!