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Roban el corazón de una madre

MARCOS H. VALERIO

Fany Angélica Viveros Gómez recuerda con dolorosa claridad el día en que Mateo llegó al mundo. Era el 28 de junio de 2018, en Colton, California. Un niño frágil, de llanto limpio, que desde el primer instante se convirtió en su razón de vivir. El padre, Ulises Pérez Alcántara, no estuvo presente ni durante el embarazo ni en los primeros meses. Ella, lo enfrentó todo sola.

Meses después regresó a México con su hijo y, buscando darle una familia, decidió darle una oportunidad a Ulises. Vivieron cinco años en unión libre en Oriente 1 #298, colonia Reforma, en Ciudad Nezahualcóyotl. Sin embargo, la convivencia se volvió insostenible. Ulises consumía marihuana a diario, alcohol y cocaína. Sus ausencias y violentos estallidos terminaron por agotar a Fany, quien tomó la decisión de separarse.

En septiembre de 2023, ante el Juez Primero de lo Familiar de Nezahualcóyotl (expediente 2500/2023), firmaron un convenio. A ella le fue otorgada la guarda y custodia definitiva de Mateo. A él, una pensión alimenticia de 4 mil 200 pesos mensuales y visitas cada quince días. Parecía un nuevo comienzo. No lo fue.

Ulises solo visitó a su hijo tres veces en más de un año. Nunca cumplió con la pensión y, en las escasas ocasiones que vio al niño, sembró veneno: “No le hagas caso a tu mamá, está loca. Si no quieres bañarte o hacer tarea, ella no te puede obligar”.

Mateo regresaba cambiado: agresivo, en berrinche, llorando desconsolado. “Mi papá dice que tú no me quieres… que solo quieres a tu otra hija… que eres una borracha… Te odio, me quiero ir con mi papá”. Esas palabras destrozaban a Fany, pero ella respondía con amor, paciencia y terapia. Era su hijo. Su todo.

TODO SE DERRUMBÓ EL 11 DE DICIEMBRE DE 2024.

Aquel día, Mateo se negó a hacer la tarea. Fany, desesperada, llamó a Ulises. La conversación terminó como siempre. Horas más tarde, el abuelo paterno, el doctor Enrique Pérez Robles, cirujano plástico del Hospital Fernando Quiroz del ISSSTE, llegó al consultorio de Fany. Hablaron con aparente calma sobre la conducta del niño y acordaron que el abuelo lo ayudaría con la tarea y lo llevaría a pasear. Se coordinarían más tarde para regresarlo a su casa.

A las 8 de la noche, Fany comenzó a llamar. Nadie contestó. Insistió toda la noche y el día siguiente. Fue a la escuela. Denunció la desaparición. El 12 de diciembre, casi a las 8:30 de la noche, el abuelo finalmente respondió: dijo que había llevado al niño con la abuela paterna en San Juan Teotihuacán.

Cuando Fany habló con Luz María Alcántara Torres, la respuesta fue brutal: insultos, acusaciones y una amenaza que le heló la sangre:

“Yo me voy a encargar de que tú no vuelvas a ver a tu hijo”.

También le advirtió que ni se le ocurriera buscar a Mateo en Teotihuacán, porque “su gente” la estaría esperando.

En ese instante, Fany comprendió que le habían robado a su hijo.

INICIO DE UNA PESADILLA

Comenzó entonces una larga travesía de denuncias por privación ilegal de la libertad, sustracción de menor, desaparición y violencia vicaria. Alertas Amber, boletines de búsqueda y carpetas de investigación que parecen perderse en la burocracia. Fany asegura haber enfrentado corrupción y omisiones por parte de algunos mandos de la Fiscalía.

Por sus propios medios descubrió que habían sacado a Mateo del Estado de México y lo llevaron a Quintana Roo. Tras viajar a Playa del Carmen, lo localizó en el fraccionamiento Paseos del Sisal, Privada Ostión, edificio A, departamento 21C. Lo habían inscrito en una escuela con fecha de nacimiento falsificada.

Durante 19 días vivió en la calle, vigilando el edificio día y noche, hasta que se le agotaron los recursos. Vio cómo las autoridades llegaban, dialogaban y se retiraban sin actuar, a pesar de que ella mostraba la custodia legal y que Ulises ya estaba vinculado a proceso por sustracción de menor. Le negaban información, archivaban carpetas y le sugerían “arreglarlo en lo familiar”.

Fany durmió poco, comió menos y lloró ríos. Pero nunca dejó de buscarlo.

Hoy, Mateo Pérez Viveros tiene casi siete años y lleva más de 19 meses lejos de su madre. Es un niño convertido en moneda de venganza. Un caso más de violencia vicaria, donde el hijo se usa como arma para destruir a la madre.

Fany sigue esperando. Espera que la justicia deje de proteger al que tiene influencias y recursos. Espera abrazar de nuevo a su hijo, secarle las lágrimas y decirle que nunca, nunca dejó de luchar por él.

Porque Mateo no es un expediente. Es un niño que extraña a su mamá. Y Fany es una madre a la que le robaron el corazón… pero que sigue latiendo solo por él.

#JusticiaParaMateo

#DevuelvanAMateo

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