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El júnior que gobierna Córdoba se pelea con todos

En la política cordobesa ya nadie oculta el desencanto. El alcalde Manuel Alonso Cerezo, quien llegó al poder envuelto en la narrativa del relevo generacional, en pocos meses terminó construyendo una fama de soberbio, distante y confrontado con medio mundo.

Y es que en los cafés políticos de Córdoba se comenta cada vez con más fuerza una historia que retrata de cuerpo entero cómo se mueve el nuevo poder municipal: la supuesta compra de la candidatura a un conocido personaje cordobés, hoy también salpicado por escándalos, rumores de yates, lujos y presuntas amistades incómodas.

Lo curioso —dicen quienes conocen la operación política desde dentro— es que, después de obtener el triunfo electoral, el alcalde simplemente le dio la espalda a quien supuestamente lo impulsó. Ya no contesta llamadas, evita encuentros y manda intermediarios para no enfrentar reclamos. La vieja historia del político que usa la escalera… y luego la patea.

El problema es que esa actitud no solo la perciben los actores políticos; también empieza a sentirse en la relación con sectores ciudadanos, medios de comunicación e incluso con grupos internos de su propio movimiento, Morena. Cada semana aparece un nuevo frente abierto, un nuevo conflicto o una nueva polémica.

En lugar de construir acuerdos, el gobierno municipal parece instalado en la confrontación permanente. Hay molestia por temas de seguridad, por decisiones improvisadas y por un estilo de gobierno en el que la arrogancia parece sustituir al diálogo.

Muchos en Córdoba ya comienzan a preguntarse si el verdadero problema no es la falta de experiencia, sino la forma en que el poder cambió tan rápido al “joven” alcalde. Porque cuando un gobernante se pelea con quienes lo ayudaron a llegar, tarde o temprano termina quedándose solo.

Y en política, la soberbia suele cobrar factura.

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