El exalcalde Jesús Guzmán volvió a encender la polémica, esta vez no por acciones de gobierno, sino por descalificar abiertamente a la ciudadanía. Al llamar “ignorantes” a quienes exigen que un diputado gestione obras y apoyos, el exedil no solo defendió a su hermana, la legisladora plurinominal Rosario Guzmán Avilés, sino que dejó al descubierto una visión política que para muchos resulta arrogante y profundamente alejada de la realidad social.
Las declaraciones, lejos de contener la inconformidad por la presunta omisión de la diputada durante las inundaciones de octubre de 2025, terminaron por agravar el descontento. Y es que, en su intento por justificar la inacción legislativa, Guzmán abrió la puerta a cuestionamientos más delicados: el uso y destino de recursos que, en su momento, fueron promovidos como parte de una supuesta labor de gestión.

Durante abril del año pasado, la diputada mantuvo una intensa agenda pública en la que presumió obras, apoyos y servicios gratuitos —como el uso de una ambulancia— que, según afirmó, estaban destinados a la población de su distrito. Sin embargo, versiones ciudadanas señalan que tanto la unidad médica como maquinaria asociada a estas acciones permanecen actualmente en un predio particular, lejos del servicio público que se prometió.
El señalamiento no es menor. Críticos advierten que dicha actividad coincidió con el periodo previo al proceso electoral, en el que su hermano, Joaquín Guzmán, buscaba posicionarse políticamente, lo que alimenta la sospecha de que los recursos habrían sido utilizados con fines proselitistas más que con un genuino interés social.
Tras los comicios, en los que no se logró el triunfo electoral, los apoyos desaparecieron. La ambulancia dejó de verse en las comunidades y la maquinaria quedó fuera de operación pública, incluso en momentos críticos como las inundaciones, cuando la población requería atención urgente. Para muchos habitantes, este hecho confirma un patrón de abandono y oportunismo político.
En este contexto, las palabras de Jesús Guzmán no solo resultan ofensivas, sino reveladoras. En lugar de ofrecer explicaciones claras, optó por desacreditar a quienes cuestionan, profundizando la percepción de que existe una desconexión total entre la clase política que representa y las necesidades reales de la ciudadanía.
La pregunta que hoy resuena en la opinión pública es contundente: ¿se trató de gestión institucional o de una simulación sostenida con recursos públicos para fines políticos? Mientras no haya respuestas claras, las declaraciones del exalcalde seguirán pesando más como evidencia que como defensa.