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¡Duelo en Orizaba!

Sirenas despiden al entrañable comandante Manuel Jiménez en su último recorrido

* Miles de ciudadanos y rescatistas rinden homenaje al líder de la estación 119 del Heroico Cuerpo de Bomberos

Manuela V. Carmona

Orizaba, Ver., 16 de abril de 2026.- Las sirenas no llamaron a una emergencia; sonaron largas y profundas, como si la ciudad lamentara la partida de quien respondió durante décadas a cada auxilio sin titubeos. Así inició el último adiós al comandante Manuel Jiménez Cadenas, pilar de la Estación 119 de Bomberos de Orizaba.

El cortejo partió de la funeraria en Oriente 6, avanzando entre aplausos espontáneos hacia el Santuario de «La Concordia» para la misa de exequias. Durante la eucaristía, el sacerdote instó a los presentes a honrar su vocación de servicio y las obras que sostuvieron a la corporación pese a las carencias.

Al terminar, bomberos de Córdoba, Fortín, Zongolica y las Altas Montañas, junto a Cruz Roja y Protección Civil, formaron una valla de honor. Su féretro fue colocado sobre la unidad 0074, una máquina que conoció y comandó en innumerables ocasiones. Lo que siguió no fue solo un traslado: fue una caravana de respeto. Las sirenas, convertidas en lamento, acompañaron el recorrido a marcha lenta hasta la Estación 119.

En su casa, donde forjó generaciones de bomberos, lo esperaban sus elementos. Algunos con el rostro firme, otros incapaces de contener las lágrimas. Junto al féretro, su casco, su fotografía y la bandera nacional custodiaron el homenaje de cuerpo presente.

Comandantes de distintas corporaciones lo recordaron como un líder incansable, un formador, un hombre que sabía arrancar sonrisas incluso en medio del peligro. “Nos enseñó a servir, a no rendirnos”, coincidieron.

El último pase de lista rompió el silencio.

—Manuel Jiménez Cadenas—

“¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!”, respondieron al unísono, como si con ello se negara su ausencia.

Finalmente, el cortejo partió hacia el panteón municipal “Juan de la Luz Enríquez”. Ahí, entre aplausos, sirenas y un profundo respeto, Orizaba despidió a su comandante.

Se fue quien atendía el llamado del fuego, pero dejó encendida una vocación que hoy arde en cada uno de sus elementos. Su legado no se apaga.

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