DELCY Y CLAUDIA
México no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie. México no entregará nunca sus recursos naturales. Por ello, fiel a nuestra historia, decimos con fuerza: ¡México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende! Bajo ninguna circunstancia aceptamos intervencionismo o cualquier otro acto de sometimiento. Claudia Sheinbaum. 05.02.26.
Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el refrán popular. La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de unirse al bloqueo económico-petrolero contra Cuba se suma a una cadena de decisiones que dan la razón a Donald Trump: “el gobierno de México hace lo que nosotros le digamos”. El envío de 10 mil guardias nacionales a la frontera para impedir el cruce de migrantes a Estados Unidos; la aplicación del humillante programa Quédate en México; la entrega de los más altos jefes del narcotráfico con toda su información estratégica, económica y de seguridad nacional. Todo ello sin contar el alto grado de dependencia económica que se traduce en el pago de 3 mil 450 millones de pesos diarios de intereses de la eterna deuda externa, así como las ganancias más altas de la historia para banqueros e inversionistas extranjeros en los gobiernos de la cuarta transformación.
Por eso, las campañas de solidaridad con Cuba para enviar despensas o dinero no pasan de ser humillantes acciones de propaganda liberal. Como lo escuchamos todos los días en la Mañanera del pueblo, el gobierno de México tiene su compromiso con Estados Unidos y con el Comando Norte, con quienes lleva “muy buenas relaciones”. Así se entienden los buenos oficios no solicitados para enganchar a La Habana en negociaciones con Washington para iniciar un incierto proceso de transición. No gestionó intermediar para fortalecer las relaciones con los BRICS, sino para “negociar” con el Norte. América para los americanos.
Prescindiendo del debate acerca de si en Cuba y Venezuela hay dictaduras o poder popular, todo esto ocurre en el contexto de la debacle de los gobiernos de la llamada izquierda en América Latina, a unos días del encuentro del presidente Donald Trump con sus principales aliados latinoamericanos en Miami, Florida, para reforzar su liderazgo contra el bloque Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y en medio de las guerras contra Rusia, Irán y Palestina, que encabeza el secuestrador del Premio Nobel de la Paz.
Venezuela quedó peor. Al igual que en México, se escuchan todos los días hasta el hartazgo los discursos sobre independencia, soberanía y las alusiones a la revolución bolivariana, pero la realidad es más trágica. El país retrocedió más de medio siglo; se convirtió en un protectorado norteamericano. Lo primero que exigió Trump, y le fue cumplido por la presidenta Delcy Rodríguez, fue anular la nacionalización petrolera que impulsó en 1975 el presidente liberal Carlos Andrés Pérez, en medio de la Guerra Fría, así como sumarse al bloqueo petrolero a Cuba.
A menos de un mes de que el ejército estadounidense asaltara el palacio de Miraflores (3 de enero de 2026), secuestrara al presidente Nicolás Maduro y asesinara a decenas de personas durante el bombardeo a las ciudades de Caracas, Higuerote y La Guaira en la Operación Resolución Absoluta, Delcy Rodríguez decidió suspender el envío de 35 mil barriles de petróleo a Cuba, que era su principal aliado regional. ¿Sería en pago por el sacrificio de 30 guardias de seguridad cubanos que fueron asesinados en Miraflores? El mismo día (28 de enero), Claudia Sheinbaum afirmó que México no dejaría de enviar los 22 mil barriles diarios de petróleo a la isla. Poco tiempo después, Trump la haría cambiar de opinión.
Bajo exigencia de Trump, Delcy otorgó jugosos contratos a firmas como la norteamericana Chevron, así como a la inglesa British Petroleum y Shell, a la italiana Eni y a la española Repsol. El 16 de enero, se reunió en Caracas con el director de la CIA, John Ratcliffe, con el objetivo de establecer que, de ahí en adelante, “Venezuela no volverá a ser refugio para los enemigos de Estados Unidos”. A un mes del secuestro de Maduro, se reunió con la encargada de Negocios de Estados Unidos, Laura Dogu, ante quien se comprometió a dar todas las facilidades para la reactivación económica controlada y dirigida desde Washington.
Hoy día, las cuentas por los ingresos petroleros de Venezuela están totalmente controladas por Estados Unidos; todo entra a una cuenta del Citibank que controla directamente el presidente Donald Trump. Caracas no puede disponer libremente de ningún recurso. Para hacerlo, tiene que pedir permiso a Trump, quien decide en qué se puede gastar y en qué no, a qué empresas favorecer y a cuáles no. En un abrir y cerrar de ojos, los BRICS perdieron la joya de la corona en Latinoamérica y Trump pudo presumir que ya tiene en sus manos el 60 por ciento de la producción mundial de crudo.
La asociación gangsteril con el gobierno de Washington —que ha colocado una pistola en la cabeza a medio mundo— le ha dado buenos resultados y, desde luego, mejorará la economía circunstancialmente, pues no es lo mismo tener un bloqueo económico total que contar con el apoyo del extorsionador. Las cosas mejorarán en lo inmediato para Washington y para Caracas, máxime en momentos en que suben los precios del crudo en el mundo ante la inesperada respuesta militar de Irán, que ya cuenta con el abierto apoyo militar de Rusia. Pero solo en lo inmediato, pues se asoma el fantasma de la crisis energética y económica mundial que hemos venido analizando.
Hoy día, nadie se acuerda de Maduro ni del “Cártel de los Soles”, ni del narcotráfico, ni de la democracia en Venezuela, en nombre de la cual se iniciaron las rebeliones financiadas por Estados Unidos que causaron cientos de muertos de ambas partes, lo cual le ha dado la razón a Hugo Chávez: “No les interesa la democracia ni el narcotráfico, quieren el petróleo y el oro de Venezuela”.
Hay que decir las cosas como son: Delcy es el nuevo y fiel cachorro del imperialismo y al pueblo venezolano le queda mucha historia por construir