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El enésimo berrinche de Marx

El derecho al pataleo es una añeja tradición de la clase política mexicana, pero Marx Arriaga se pasa. Quiere quedarse, a manera de okupa, a vivir en su oficina, aunque ya es un cadáver político que emana mal olor. Los vecinos se quejan.

Dicen los enterados que Marx tiene una madrina poderosa que lo ha consentido demasiado, pero como a otros muchos de su filiación no le cae el veinte de que el pasado sexenio ya terminó. Arriaga acusó a la SEP de traicionar la política educativa de López Obrador. Esa no es la chamba de la dependencia, que hoy tiene la misión de instrumentar y promover la política educativa del gobierno actual, no del pasado. Es de sentido común.

Pero Arriaga, dicen quienes lo conocen, disfruta atraer la atención y presentarse como un ángel caído del obradorismo tardío. Tiene dotes de provocador profesional. ¿Hasta cuándo le van a seguir el juego? Dice «Pepe Grillo» en La Crónica de Hoy. 

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