Trump provoca a sus ciudadanos para mantenerse en el poder
De manera insólita, el presidente Trump -quien parece haber perdido el juicio ante la situación crítica que enfrenta su economía y el imparable crecimiento de China y de los BRICS- arremete ahora contra sus propios ciudadanos. Suelta a sus provocadores del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), que golpean y asesinan lo mismo a inmigrantes que a estadounidenses. Y nadie dice nada, mientras el mundo permanece atónico.
Pareciera que su intención es únicamente crear pánico colectivo para expulsar a indocumentados. Pero su objetivo es más perverso: provocar a la población mediante esos asesinatos, esperando una respuesta armada para que él pueda justificar la salida del ejército a las calles y aplicar la Ley de Intervención de 1807, lo que crearía una situación de excepción, prohibiendo protestas y suspendiendo elecciones.
Es la misma estrategia que siguió el 7 de enero de 2023 su buen amigo, el criminal de guerra Benjamín Netanyahu, cuando grupos armados de Hamás atacaron sorpresivamente a civiles y militares de Israel, matando a mil 600 personas. Como evidenció The New York Times el 1 de diciembre de ese año, el gobierno de Israel estaba perfectamente informado de todos los planes del grupo terrorista Hamás, pero permitió que ocurrieran para justificar la ocupación de más territorios palestinos, la expulsión de los gazatíes de la franja y el genocidio que ha causado 76 mil muertos y 166 mil heridos. Y nadie dice nada. Pero Netanyahu pudo mantenerse en el poder, desviar la atención sobre las acusaciones de corrupción y soborno que pesaban en su contra desde 2019 y sobre las protestas masivas contra su reforma judicial.
Lo que busca Trump es una respuesta violenta, ya sea del Partido Panteras Negras o de algún sector de la población indignada ante lo que ocurre, con lo cual tendría un apoyo radicalizado de sus seguidores y la justificación ideal para suspender derechos y garantías constitucionales mientras se reelige. Así, eludiría el riesgo de que su partido sea rechazado masivamente en las urnas en las próximas elecciones, con lo cual todas sus propuestas quedarían truncadas. Ya se negó a reconocer su derrota en las urnas en 2020; ya ordenó asaltar el Capitolio en 2021. ¿Por qué no podría crear una situación crítica para garantizar su reelección de manera indefinida, como su amigo Netanyahu, o como el comediante Zelensky en Ucrania? Ya declaró en Davos, ante el silencio del mundo: “Soy dictador, pero a veces hacen falta los dictadores” (23.01.26).
No son nuevas las operaciones de falsa bandera por parte de Washington. Lo hicieron en 1898 frente a las costas de Cuba, cuando agentes estadounidenses provocaron una explosión hundiendo el barco norteamericano Maine, matando a alrededor de 250 marines. Estados Unidos culpó a España y con ello inició una guerra para quedarse con la isla. El 7 de diciembre de 1941, la aviación japonesa atacó sorpresivamente a las tropas estadounidenses estacionadas en el puerto de Pearl Harbor, Hawái, matando a mil 400 soldados y dejando más de mil heridos. El ataque japonés no era desconocido por el presidente Roosevelt, quien así pudo entrar a la Segunda Guerra Mundial, como lo deseaban industriales, políticos y militares.
Lo que estamos observando en Norteamérica es el ascenso de un nuevo nazi-fascismo. No sabemos si será derrotado con una respuesta masiva en las urnas o si se impondrá mediante la violencia. Lo que vemos son las mismas prácticas que aplicó Adolfo Hitler en la Alemania de 1933. El incendio provocado por los nazis en el Reichstag (Parlamento alemán) sirvió para justificar la dictadura y la persecución de comunistas y judíos, con el fin de culparlos por la crisis y el desempleo, e iniciar la invasión de países que le permitió permanecer en el poder desde 1933 hasta 1945.
La persecución de inmigrantes, culpándolos del desempleo y la carestía, es un hecho; las tácticas de terror contra la población se intensifican; las amenazas de invadir Cuba, Panamá, Canadá y Groenlandia están a la orden del día, dependiendo del estado de ánimo de Trump. No es descabellada la hipótesis del comentarista Jesús Escobar: Donald Trump pretende invadir Canadá y Groenlandia con el fin de crear un megaterritorio que compita, en extensión, con sus rivales de pesadilla: Rusia y China.
Tiene amenazado al mundo, rompe con todas las leyes y reglas de convivencia internacional, chantajea a todos los países con ilegales alzas arancelarias, especialmente a aquellos que se atreven a contravenir sus exigencias; asalta buques en alta mar, bombardea embarcaciones asesinando a sus tripulantes sin ningún juicio de por medio, secuestra a gobernantes y amenaza a otros. Y lo más sorprendente: nadie dice nada ante la barbarie que estamos presenciando. ¿Dónde están los organismos de derechos humanos, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya? ¿Dónde está la ONU, el organismo creado en 1948 para evitar nuevas guerras en el mundo, que permanece mudo ante los actos de Trump?
Fue “necesario” el asesinato de dos buenas personas por las hordas del ICE para detonar una gigantesca movilización de la sociedad en ciudades estadounidenses. Renée Nicole Good era escritora y poeta. Trump afirmó que la mujer, que regresaba de dejar a sus hijos en la escuela, era una “activista radical lunática” que puso en riesgo la vida de un patriota. Los videos muestran que eso es mentira. El enfermero Alex Petti murió cuando trataba de defender a una mujer de las agresiones del ICE, con su celular en una mano y con la otra tratando de cubrir los golpes de los policías. El gobierno se apresuró a declarar que el joven estaba armado y amenazaba a los agentes: una vil mentira ante las evidencias.
Como Hitler, Trump ha creado su propia Gestapo. Los 22 mil hombres reclutados por el ICE son todos blancos, con salarios de 135 mil dólares, unos 2 millones 307 mil pesos al año. Todos atacan con odio a migrantes y a ciudadanos estadounidenses que protestan en las calles. Muchos de ellos fueron reclutados de entre las turbas ultranacionalistas que atacaron el Capitolio aquel 6 de enero de 2021.
Los demócratas están paralizados y agotaron sus propuestas para sacar a Estados Unidos de la crisis. Sólo Obama ha levantado la voz, pero él expulsó a más migrantes que el mismo Donald Trump. Parece que serán nuevos dirigentes y nuevos partidos los que estén a la altura de la situación crítica en que se encuentra Norteamérica, antes de que su líder presidencial provoque un estallido bélico mundial que lo fortalezca o una guerra civil que podría derrocarlo.