Navidad: lo que fuimos, lo que somos, lo que recordamos
Es 24 de diciembre. Tarde-noche de paz y de amor. En la cocina huele a comida recién hecha; mi madre prepara la cena, mi abuela limpia despacio y mi abuelo escucha música norteña. Mi padre salió por los refrescos. Las tías y los primos están por llegar, habrá piñata, risas y abrazos.
La mesa es humilde, pero abundante en cariño: pollo rostizado, sándwiches de jamón, costilla en salsa, ensalada rusa, buñuelos y costilla al horno. Ponche caliente, sidra y rompope. Y por qué no, una copita de vino, brandy, tequila o whisky; el tío buena onda trajo algo para convivir, para soltar el estrés y brindar por estar juntos. Intercambio de regalos, miradas cómplices, todos contentos. Al otro día, el recalentado. Todos unidos.
Hoy, muchos de ellos ya no están. Mis padres y mis abuelos viven en la memoria. Ahora esperamos a nuestros hijos y nietos; se extraña, pero también se agradece. Porque recordar es vivir.
La Navidad no está en lo que se compra, sino en lo que se comparte: la mesa, la charla, el abrazo sincero y la risa que vuelve a casa.
El pasado no se cambia y el futuro es impredecible, pero el presente es un regalo. Disfrútalo con los tuyos. Vive el momento.
Que tengas una hermosa Navidad. Felicidades.