De tierra muerta a chinampas que brotan solas
Bajo un sol que dibuja destellos plateados en los canales, Lourdes Fuentes Martínez (Lulú) y Macrina Dehesa Sánchez (Macri) caminan entre surcos de maíz y olor a lavanda. Hace apenas tres años sus parcelas eran tierra muerta: nada crecía, la salinidad quemaba las raíces y la herencia chinampera parecía condenada a desaparecer. Hoy, esas mismas chinampas rebosan de lechuga, jitomate, chile, hierbabuena y hasta betabel perfecto. El milagro tiene nombre: se llaman a sí mismas Doctoras de los Suelos.

Todo empezó en 2022, cuando el Programa Universitario de Estudios Interdisciplinarios del Suelo (PUEIS) de la UNAM llegó a Xochimilco con el Programa Global de Doctores de los Suelos de la FAO.

Lulú, que dejó Álvaro Obregón para ayudar a su esposo productor, y Macri, quien a punto de cumplir 71 años heredó el terreno de su padre, fueron de las primeras en inscribirse. “Mi tierra estaba tan dura y blanca de salitre. Caía una semilla y se moría. Ahora cae y sola brota la planta, hasta me da risa”, cuenta Macri mientras huele una ramita de romero que acaba de cortar.

La capacitación es teórico-práctica y barata: con una pala, un frasco, tiras de pH y agua oxigenada, cualquiera puede hacer un “expediente clínico” del suelo. Excavan un metro de profundidad, observan horizontes, miden textura, porosidad, materia orgánica y salinidad. En Xochimilco, el gran enemigo es la sal que sube por capilaridad desde los canales.

La solución que enseñan las Doctoras es simple y poderosa: cubrir siempre la tierra con mulch (restos de cosecha), regar con regadera o goteo en vez de bomba, enterrar cáscaras de naranja o usar vinagre para bajar el pH, y nunca dejar la chinampa “desnuda” al sol.

A nivel nacional, el panorama es alarmante: México perdió el 72 % de sus suelos sanos entre 2000 y 2019. Pero en cuatro años el PDS ya certificó a 681 Doctores y Doctoras en 28 entidades, y avanza en las cuatro restantes. Lulú y Macri pertenecen a la agrupación Sanadores del Suelo, que da talleres gratuitos a vecinos escépticos.

“Al principio los abuelitos no creían, pensaban que era otro programa que llega y se va. Ahora ven mi parcela y dicen: ‘Pues sí funciona’”, sonríe Macri. Hoy replican el curso ejido por ejido, porque saben que un centímetro de suelo tarda miles de años en formarse… y segundos en destruirse. Entre canales y trajineras, estas dos mujeres demuestran que todavía es posible hacer que la tierra vuelva a ser madre.