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Zúñiga Obando: el intento descarado de capturar el TEV

La ambición política tiene límites. O al menos debería tenerlos. En Veracruz, sin embargo, hay quienes insisten en probar hasta dónde puede estirarse el cinismo. El caso de Gabriel Onésimo Zúñiga Obando es ejemplo de ello: representante de Morena ante el OPLE, el INE y el propio Tribunal Electoral, ahora pretende -sin pudor alguno- convertirse en magistrado del órgano que él mismo litiga.

Aquí no hay ingenuidad ni desconocimiento de la ley. Lo que hay es apuesta a la impunidad política, a la idea de que las instituciones electorales son botín y no contrapeso. Es la típica jugarreta donde alguien cree que puede acomodarse en un puesto para seguir moviendo los hilos desde adentro, con toda tranquilidad y sin nadie que lo cuestione. Nomás que el intento huele más a maña que a mérito.

La legislación electoral es clara: quien funge como representante partidista no puede saltar al puesto de magistrado. Pero más allá del impedimento técnico, lo grave es el mensaje. ¿Hasta qué punto se quiere controlar el tribunal que arbitra la democracia veracruzana? ¿Cuánto desprecio existe hacia la independencia judicial para intentar semejante maniobra?

Gabriel Onésimo comparecerá, sí. Pero, seamos sinceros: su candidatura ya nació torcida. De esas cosas que se caen solitas porque simplemente no hay cómo defenderlas sin quedar mal.

Veracruz merece instituciones serias, no audiciones para ver quién cree que puede poner su sillita donde quiere. Que quede claro: los tribunales son para impartir justicia, no para blindar intereses de partido. Aquí hay que poner freno. Y rápido.

 

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