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Gina Domínguez, el pasado la persigue y atormenta

Gina “N”, exvocera del gobierno de Javier Duarte, enfrenta ahora el juicio que por años logró evadir gracias a vacíos legales, omisiones de la Fiscalía y un discurso acomodado. Hoy se dice empresaria y presume una nueva etapa de humildad, pero resulta difícil encontrar congruencia entre lo que posee y lo que realmente ha trabajado —aunque ella insista en lo contrario.

Atrás quedaron los tiempos de soberbia y despotismo, cuando, empoderada desde la Coordinación General de Comunicación Social, trataba a subordinados y periodistas con la punta del pie.

En esos años, según la Fiscalía, realizó convenios millonarios de palabra con medios de comunicación, sin contratos ni dictámenes presupuestales, entre 2010 y 2014.

Un manejo opaco y discrecional del dinero público que no fue reportado en la Cuenta Pública, y que ella misma administraba sin rendir cuentas.

Su defensa intenta exculparla, señalando que las órdenes venían directamente de Javier Duarte y su extesorero Tarek Abdalá.

Pero un Tribunal Federal fue claro: esa narrativa no basta para evitar el juicio. Las pruebas deben desahogarse y valorarse en un juicio oral, no en el terreno de las excusas. Que Duarte esté sentenciado no exonera automáticamente a quienes ejecutaron sus decisiones ni borra los rastros de complicidad.

Más aún, el Tribunal recordó que Gina “N” goza hoy de libertad no por inocencia, sino por negligencia de la Fiscalía, que no solicitó la prórroga de las medidas cautelares. Otro descuido más en una larga lista de impunidades parciales.

En resumen: los tiempos han cambiado y los reflectores también. Lo que antes era poder y arrogancia, hoy se disfraza de humildad empresarial. Pero el pasado pesa, y si hay justicia, deberá responder no solo por los convenios ilegales, sino por haber contribuido activamente a uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido Veracruz. ¡Muchos comprarán palomitas y butacas en primera fila!

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