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¡"Lo primero era salir vivos”!

Poza Rica revive el desastre con el desbordamiento del río Cazones

* Las Granjas, una de las colonias más afectadas en Poza Rica

* Más de 150 familias resultaron afectadas

Paco De Luna 

Poza Rica, Ver., 11 de octubre de 2025.- “Aquí había casas, el agua las arrancó desde sus cimientos”, dicen los sobrevivientes de Las Granjas, una de las colonias más afectadas por la repentina crecida del río Cazones, que la madrugada del viernes 10 de octubre desbordó con furia en Poza Rica, al norte de Veracruz.

El nivel del agua alcanzó casi nueve metros en las zonas más bajas. La corriente arrasó viviendas, vehículos y vidas en cuestión de minutos. La oscuridad, la lluvia y la confusión impidieron a muchas familias reaccionar a tiempo. Algunos lograron huir con lo puesto; otros no sobrevivieron.

En Las Granjas parte alta, donde había más de 150 viviendas, hoy sólo quedan escombros. Pedazos de concreto sobresalen entre el lodazal.

Árboles caídos, ramas, basura y autos volcados forman un paisaje desolador. Las calles Pozo 174 y Manuel Capetillo, por mencionar algunas de tantas, ya no se parecen a lo que eran: el agua bajó, pero dejó un silencio espeso y ruinas.

Vecinos de la colonia Morelos y de Las Granjas regresaron al amanecer para ver lo que quedó de sus hogares. Encontraron techos colapsados, colchones cubiertos de lodo y paredes agrietadas.

También constataron la ausencia de autoridades. La ayuda llegó, pero no del gobierno, sino de otras familias solidarias de Poza Rica y municipios cercanos.

“No tenemos nada, pasamos dos noches sentados. No tenemos ni dónde acostarnos”, cuenta una mujer mientras muestra lo que antes era su sala. Hay desaparecidos, muertos y un dolor que se repite en cada testimonio.

“Mi casa fue tapada, me reventó ventanas, las puertas están tiradas, mi carro apareció en el patio de la vecina. Es pérdida total”, relata Ángel Salvador Leiva, vecino de Las Granjas. “Lo principal es que tenemos vida. Con la bendición de Dios vamos a salir adelante”.

Hasta el sábado 11 de octubre por la tarde no había cifras oficiales sobre personas fallecidas y de animales estiman que son cientos.

Dos casas de madera con techos de zinc fueron arrasadas por completo. “No quedó nada. A la vecina sólo le quedó la caja de su camioneta”, dice Leiva.

Los damnificados coinciden: no ha llegado ayuda gubernamental. “Sólo unos policías vinieron a ver si había difuntos, pero no para apoyar”, lamenta Leiva.

En contraste, jóvenes y familias organizadas han llevado comida, agua, ropa y medicamentos. “Gracias a la gente que ha venido a dejarnos café y comida, porque del gobierno no hemos recibido nada”, dice otro afectado.

La mayoría se refugia en casas de familiares o en albergues improvisados. Regresan cada día entre el lodo para rescatar lo poco que quedó y evitar robos. “Se están rapiñando todo. Nosotros no sacamos nada, y lo poquito que queda se lo están llevando”, denuncia un vecino.

El sentimiento común es el abandono. Algunos recuerdan el desastre de 1999 y repiten resignados: “Veintiséis años después, vuelve a pasar. Pero ya sabemos que cuando el río crece, lo primero es salir vivos”, refieren mientras observan la destrucción que dejó el caudal del Cazones.

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