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Envalentonado

Adán Augusto López, que hasta hace nada llamaba “caballero” a Ricardo Anaya, ahora lo pinta como fugitivo con fuero. El senador morenista no toleró que le tocaran a su exsecretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena y respondió con amenazas políticas y expedientes reciclados. Anaya despertó la furia de quien juraba transparencia, pero olvida sus amistades peligrosas. ¿Y Juan Camilo Mouriño qué? Hasta a los muertos revivió para desviar la atención. Si esto es justicia sin encubrimiento, que alguien le explique qué es complicidad. | Se detalla en “Frentes Políticos” de Excelsior.

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