Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre realizó un excelente papel y se va con la frente en alto
La magistrada presidenta, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre concluye su paso al frente del Poder Judicial del Estado de Veracruz demostrando que es una mujer forjada en la cultura del esfuerzo.
A diferencia de quienes llegaron al Poder Judicial por favores políticos o componendas, a ella nadie le regaló nada: trabajo duro, disciplina y transparencia la distinguen; durante su gestión impulsó cambios que quedarán como legado.
Modernizó una institución que por años estuvo anquilosada. Es una mujer que con carácter y temple enfrentó un cargo que no admite titubeos.
Desde el 2 de diciembre de 2022, cuando asumió la presidencia del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura, mostró liderazgo y visión de futuro con acciones como el Juzgado en Línea para atender casos a distancia y capacitando de manera constante a la plantilla laboral.
Particular relevancia tuvieron los programas con perspectiva de género como son “Veracruzana Protegida” para la protección inmediata a mujeres víctimas de violencia; “Amiga, yo te ayudo” garantizando asesoría jurídica gratuita a quienes enfrentan violencia económica, y con la tarjeta “MujerEs” se promovieron beneficios adicionales como seguros de vida, apoyo integral a familias y respaldo en pensiones alimenticias.
Mientras que la inauguración de las ciudades judiciales de Minatitlán y Orizaba, así como el arranque de la tercera etapa en Poza Rica, sentaron precedentes que no solo mejoraron la capacidad de atención del Poder Judicial, sino que también dignificaron la labor de jueces y trabajadores, al tiempo que facilitaron el acceso a la justicia para la ciudadanía en distintas regiones del estado.
Quienes hoy critican a Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre en realidad no hacen más que exhibir su frustración. El respaldo y la amistad que mantiene con la gobernadora Rocío Nahle García le otorgan confianza y proyección política.
Por ello, no es aventurado afirmar que, ya sea en otro encargo dentro del gobierno estatal o en un organismo autónomo, seguirá colaborando por amor a Veracruz.
Contrario a lo que sucedió con muchos expresidentes del Poder Judicial, Lisbeth Aurelia sí tiene carrera judicial y su trayectoria es muestra de perseverancia. Inició desde abajo y escaló cada peldaño con dedicación y mérito propio, lo que la convierte en un referente de profesionalismo y preparación en la vida jurídica.
El lunes habrá de entregar la estafeta a su sucesora como presidenta del Poder Judicial, y seguirá siendo magistrada tras ganar su elección, destacando que una mujer de carácter, con camino judicial y con visión, no se retira: se transforma y continúa aportando a la vida pública.