Clavado fallido
Rommel Pacheco saltó de la alberca a la política con la gracia de un debutante, pero en el camino cambió la medalla por la soberbia. Ya no ve a los que lo impulsaron, quizá porque desde su nuevo pedestal, más simbólico que real, todo se le hace chiquito. Su metamorfosis de atleta cercano al pueblo a político de escaparate deja claro que el salto más difícil no es el de altura, sino el de conciencia. Pacheco se mareó con el aplauso fácil y ahora bucea en las aguas turbias de la simulación. ¿Y los principios? En el fondo de la fosa. Rommel confirma que cuando no se tienen bases sólidas, cualquier pedestal te marea. No sigan su ejemplo. | Se detalla en “Frentes Políticos” de Excelsior.