* Enseñar al que no sabe es una acción compleja muy buena, pero no es suficiente ofrecer solo contenidos: Arquidiócesis de Xalapa

Irineo Pérez Melo

Xalapa, Ver., 28 de enero de 2024.- Enseñar al que no sabe es una acción compleja muy buena, pero no es suficiente ofrecer solo contenidos. En México y Veracruz se hace mucho por los procesos educativos, pero hace falta más todavía, señala la Arquidiócesis de Xalapa.

Lo anterior lo menciona en el comunicado dominical emitido por la Oficina de Comunicación Social de esta asociación religiosa, quien sostiene que todo el que enseña debe cuestionarse no sólo por los contenidos que transmite, sino también por los alcances que provoca, incluso siempre debe saberse la intención con la que se hace.

“En nuestros días, existe una abundancia de enseñanza de todo tipo, pero poca transformación del entorno para el beneficio de todos”, se menciona en el documento signado por el presbítero Juan Beristain de los Santos.

En el comunicado se hace referencia al Evangelio de San Marcos en donde se nos presenta el estilo transformador del modo de enseñar de Jesús (Mc 1, 21-28).

“Lo primero que indica Marcos es que Jesús no enseña como los escribas, pues él lo hace con autoridad; es decir, no se dedica a repetir lo que dicen otros, ofrece nuevos horizontes, mejores comprensiones, convicciones profundas y un modo de ser solidario con los menos dotados”, se añade.

Existe un segundo asombro, la gente ya no sólo admira a Jesús, sino que descubre que la enseñanza de Jesús está en relación estrecha con lo que padece la gente; su enseñanza no está al margen de la vida en general, mucho menos de la vida particular de quienes más sufren; su novedad está en la cercanía con las necesidades reales de sus oyentes; más aún, la novedad está en la esperanza y vida nueva que ofrece Jesucristo. Todos los proyectos, incluidos los educativos, deben acercarnos a los que más sufren en nuestra patria.

Por último, para el Evangelista Marcos sí cuenta la intención de quien enseña; los escribas, líderes religiosos de la época de Jesús, desempeñaban su labor para exhibirse y conseguir un protagonismo humillante, valiéndose de lo que sabían para despojar a los más desprotegidos de sus bienes (12, 38-40).

Por tanto, la enseñanza civil, religiosa o eclesial debe evaluarse no sólo desde los contenidos que se imparten, sino desde las intenciones con que se dice y desde las transformaciones que provoca. En nuestra patria podemos generar proyectos con nuevas inspiraciones que busquen el bien de todos y para todos, se indica por último.