* Mencionó que durante su fondo emocional no se podía levantar, como si estuviera amarrada a unas cadenas

* Ahora es consciente que con la ayuda del movimiento Buena Voluntad ha logrado muchas cosas, y lo valora

 

Áser Oropeza Lara

Xalapa, Ver., 24 de enero del 2024.- «Yo pensaba que estar en un fondo emocional era estar como las personas que están en la calle y ya se les fue el avión, andan todas sucias, duermen en la calle; yo pensaba que ese era un fondo emocional y llegando aquí me di cuenta que yo ya estaba en un fondo emocional porque eran días que no me podía levantar de la cama», atestiguó Estefanía C. militante del movimiento Buena Voluntad de Neuróticos Anónimos, en esta ciudad.

Durante entrevista para dar a conocer su experiencia como militante del movimiento de Neuróticos Anónimos, mencionó que durante su fondo emocional no se podía levantar de la cama, como si estuviera amarrada a unas cadenas «que te aprisionan a la cama».

«A veces sentir así como si estuviera borracha, como si estuviera drograda y pues yo no me metía nada. Sí llegó un momento en que sentí mucha desesperación, recuerdo haber llorado y preguntarme me estoy sintiendo tan mal si lo tenía todo».

Y es que tiene un esposo e hija, además de casa y la comida nunca faltó, por lo que desde su percepción «lo tenía todo» pero se sentía mal emocionalmente.

“Sí fue demasiado lo que sentí, empecé a sentir mucho miedo porque pensé: ‘voy a perder a mi familia, si no hago algo, capaz que me deja mi esposo, me quita la niña’, empezaron a aparecer todos estos pensamientos, me empecé a sentir muy mal, bajé muchísimo de peso, a mí, con la depresión, se me quita el hambre, entonces casi no comía”.

Por ello, dijo que comenzó una autorreflexión sobre cambiar su vida o seguir sufriendo en ella, por lo que tomó el teléfono y se acercó al movimiento, ya que quiere disfrutar de la vida, su familia y su hija.

Sin embargo, Estefanía es un caso que incluso comenzó desde “Neurateens”, el grupo de niños y adolescentes de Neuróticos Anónimos, desde los cinco años, ya que sus padres también asistían a este movimiento.

“En mi caso sí he tenido la experiencia de haber estado en neurateens, de niña sentí mucha depresión, miedo, sentir que no tenía la vida que yo hubiese querido y yo tenía unos cinco años. Hay niños que no se atreven a decir eso a sus papás por el miedo a que los regañen y demás”.

En ese sentido, recordó que regresó con mayor edad a la terapia de Neuróticos Anónimos y ahora es consciente que sin ella no pudiera haber logrado muchas cosas, y lo valora.