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Por un pequeño tramo de frontera sin muro en las montañas al este de San Diego, grupos de personas cruzan a California durante todo el día y toda la noche. Los transportan vehículos tipo SUV que llegan hasta unos cien metros del muro constantemente, a intervalos de unos diez minutos.

Una vez dentro de Estados Unidos, los migrantes acampan, encienden fogatas y simplemente esperan que al siguiente día los recoja la Patrulla Fronteriza que no puede hacer nada por evitar que entren a California, porque el tramo por el que pasan desde México es propiedad privada, que los agentes tienen que respetar.

Jacumba, el poblado de rancherías en las montañas al este de San Diego, es sólo uno de los corredores por los que casi 60 mil migrantes cruzaron la frontera de México a Estados Unidos en los últimos cinco días.

La oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) informó a Excélsior que 12 mil migrantes cruzaron el lunes, 12 mil el martes, 12 mil el miércoles, 11 mil el jueves y 11 mil el viernes, un total de 58,000 en sólo cinco días.

Ha sido un comportamiento continuo desde hace meses. CBP informó que en noviembre detuvo 242 mil migrantes, un promedio de más de 8 mil diarios. Las detenciones del mes de octubre fueron básicamente las mismas que en noviembre.

El mes pasado los detenidos de México fueron 64 mil 811; 43 mil 063 venezolanos y 26 mil 299 guatemaltecos.

El comisionado interino de CBP, Troy Miller, pidió fondos urgentes al congreso para paliar la situación.

El flujo sin precedentes inició en mayo, cuando terminó el Título 42, una medida de la era Trump que impedía a los migrantes entregarse a agentes de migración y, al rendirse, informar que buscaban asilo y así comenzar su proceso. En el verano el flujo bajó un poco, pero aumentó y se sostuvo desde septiembre.

En Jacumba, un poblado de rancherías a unos 80 kilómetros de San Diego en las montañas, los residentes dicen que parece un río o una avalancha de gente que cruzar la frontera.

La Patrulla Fronteriza hace meses que declaró que carece de infraestructura y de recursos para procesar a tanta gente.

Según cálculos oficiales de la patrulla, toda su infraestructura en conjunto podría servir para procesar a cuando mucho cinco mil personas por día, si acaso tiene el personal para hacerlo; mientras que el promedio diario de cruce fronterizo de personas rebasa las 10 mil.

Rebasada su capacidad, la Patrulla Fronteriza simplemente transporta los migrantes de las zonas inhóspitas apartadas en la frontera a las calles de las ciudades, donde los deja sin procesarlos.

Los congresistas republicanos de mayoría en el Congreso e incluso los senadores de oposición usan la crisis en la frontera para imponerla como requisito a la administración del presidente Joe Biden para aprobar fondos urgentes de ayuda a Ucrania, Israel y Taiwán.

La propuesta que demandan los republicanos incluye poner cuotas al número de personas que serían admitidas a cruzar la frontera y el resto tendría que esperar en México. La medida se impondría en cuanto el flujo de personas rebase los 5 mil por día, una cantidad que fácilmente se ha duplicado en los últimos días.

Los republicanos también exigen mayores filtros a las solicitudes de asilo, una campaña dramática de deportaciones, sobre todo de quienes han estado menos de dos años en el país, y aplicar sanciones a migrantes.

La presión se intensifica porque el gobernador de Texas, Gregg Abbott, acaba de aprobar una ley que convierte en delito estatal la migración sin permiso, una medida extraordinaria en la que por primera vez un estado trata de asumir legalmente funciones de agentes de migración que sólo corresponden a la autoridad federal.

El mayor riesgo de la ley de Texas es que, en un ambiente preelectoral en el que el expresidente Donald Trump ya monta su campaña en el tema de la migración, otros estados con gobiernos republicanos aprueben leyes espejo de la de Texas.

A la retórica de Trump, quien ha utilizado ahora términos similares a los nazis –los migrantes “son exconvictos y expacientes de hospitales psiquiátricos que llegan de todo el mundo e envenenar la sangre de Estados Unidos”– se suman las demandas de gobiernos locales demócratas que piden fondos para atender a los migrantes.

Por ejemplo, el gobierno del condado de San Diego, con decenas de miles de migrantes que ha dejado la Patrulla Fronteriza en las calles, ha pasado de la declaración de emergencia a la de crisis humanitaria, con peticiones de presupuestos millonarios en cada ocasión.

Por si fuera poca toda esa presión, la bancada latina en el Congreso han criticado a la administración del presidente Joe Biden por abandonar sus promesas de campaña anterior, de pedir reforma migratoria, así como acabar con las medidas de la era Trump contra la migración y detener el muro, y decir que está dispuesto a aceptar las nuevas demandas de republicanos.

Es en todo este contexto que estos días llega a México una delegación que encabeza el secretario de Estado, Antony Blinken, y que incluye al secretario de Seguridad, Alejandro Mayorkas, y a la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Liz Sherwood-Randall.

El portavoz de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, John Kirby, dijo en conferencia de prensa el viernes que el objetivo de la delegación “realmente consistirá en abordar los flujos migratorios y hablar con el presidente López Obrador y su equipo sobre qué más podemos hacer juntos”

 

“Hay muchas cosas que estamos haciendo, pero probablemente haya más que podamos hacer. Y para hacerlo de manera efectiva, es necesario estar en plena colaboración con las autoridades mexicanas”, agregó. “Ha habido una cooperación estupenda. Estamos orgullosos de eso. Y creo que podemos ampliarlo, dados los niveles récord de inmigrantes que estamos viendo llegar”.