Una cortadora de café llevaba a sus hijos a una finca cerca del panteón Palo Verde, rumbo a Veracruz, para que le ayudaran y así terminar más pronto los surcos y poder ganarse más dinero.

Esta señora tenía un hijo de meses, al cual también debía cargar al trabajo, ya que nadie la auxiliaba para cuidar las criaturas en su vivienda. Llegando a la finca, ponía su rebozo como hamaca entre dos cafetos, junto a unas rocas grandes y puntiagudas. Una vez, el niñito empezó a llorar inconsolablemente, quizá de enfermedad o de hambre.

La mujer, apurada en su tarea, mandó a una de sus hijas mayores a calmar al pequeño. La chamaca, pensando que se dormiría con los mecidos, comenzó a sacudir con fuerza el paño, hasta que este se desató de las angostas varas y la infeliz criatura fue a dar contra las piedras, estrellándose la cabeza.

Los que por allí pasan hacia Las Trancas, escuchan en su camino sollozos de los que no saben exactamente la procedencia. Dicen que se oyen como más fuertes a medida que se alejan. Lo peor ocurre en la temporada del corte, porque los sollozos se transforman en agudos gritos infantiles.

¡Atentos! Se aproxima la publicación de la Edición Especial de Calaveritas de Golpe Político