En el diario torbellino informativo en el que predominan las malas noticias y el aplazamiento indefinido del regreso a “la nueva normalidad” que en mi apreciación será más bien una reinserción social, también hay buenas noticias.

En lo que va de la segunda quincena de mayo y con la intervención del Barzón, hemos cerrado tres importantes acuerdos de pago justo, dos de ellos con instituciones bancarias y el tercero con una entidad comercial.

Tres buenas noticias que son oxígeno puro y una inyección de felicidad -con efecto inmediato- en medio de la pandemia, pues se lograron rescatar dos viviendas que iniciaron el año 2020 embargadas, una de ellas incluso con fecha de remate judicial en tribunales de la Ciudad de México.

Y en el tercer caso aunque se trataba de un adeudo pendiente con una tarjeta de crédito, se logró liberar el “gravamen” que pesaba sobre el ingreso familiar y recuperar con ello la tranquilidad de toda la familia, al saberse liberados de una deuda que parecía no tener fin.

En ninguno de los tres casos pagamos cantidad alguna en concepto de intereses, gastos legales, o de cobranza; por el contrario se lograron quitas importantes y pagar por debajo del cincuenta por ciento del capital que fue objeto del préstamo.

Tres familias; dos Xalapeñas y una radicada en la Ciudad de México, obtuvieron en días complicados, paradójicamente la tranquilidad y certeza jurídica de su patrimonio gracias a su esfuerzo, disciplina financiera y por supuesto al apoyo del Barzón para lograr estas soluciones.

Triunfos como estos nos llenan de satisfacción por el deber cumplido; pues hace unos días le platicaba en este mismo espacio lo difícil que ha sido para muchas familias enfrentar la cobranza extrajudicial que se torna abusiva y los efectos adversos que produce en su estabilidad personal, familiar y de salud.

Pues esos mensajes terroristas redactados en forma de “ultimátum” de pagar en 48 horas (o menos) bajo la amenaza de embargos o cárcel, no permiten que alguien tome una decisión en el libre ejercicio de su voluntad y conforme a sus posibilidades.

Al caso viene la llamada de angustia de una mujer adulta mayor radicada en el puerto de Veracruz, a quien la financiera le daba 15 días de plazo para cubrir su deuda de 36 mil pesos originada por un préstamo de 6 mil, so pena de cárcel si desaprovechaba la tregua, su pregunta era, ¿cómo debía contar el plazo?, si los quince días transcurrían a partir de que se acabara la pandemia o si el primer día hábil estaría ya en la cárcel.

El trabajo del Barzón adaptado ahora a las nuevas circunstancias (en línea y telefónico) para evitar lo presencial, hizo posible estos tres triunfos, con los que refrendamos nuestro compromiso permanente de trabajo y servicio a favor de la sociedad, confirmando lo imprescindible que resulta en estos días la existencia de nuestra asociación civil.