II Parte

Uno de los programas prioritarios que ha establecido el Gobierno de México para el período 2019-2024, cuyo nombre correcto es “Programa de Microcréditos para el Bienestar”.

Consiste en dar 6 mil pesos en una primera ministración a quienes bajo protesta de “decir verdad” manifiesten contar con un micronegocio con más de seis meses en operación y cuya actividad no sea agropecuaria.

Es decir, los beneficiarios no tendrán que demostrar la existencia del micronegocio, ni su actividad u ocupación para solicitar/recibir el dinero.

Dicha cantidad entregada como ayuda, de principio se entiende como un financiamiento sin intereses, pues la suma debe reembolsarse en doce pagos mensuales cada uno por 500 pesos, contando los beneficiarios con un período de gracia de 3 meses antes de comenzar los abonos.

Pero al conocer sus reglas de operación éstas sugieren otra idea, dado que las personas que ‘decidan’ hacer los reembolsos de la primera ministración (o sea pagarlo), tendrán acceso a una segunda entrega, ahora por 10 mil pesos y a una tercera por 15 mil.

Lo anterior ha sido publicado en el Diario Oficial de la Federación el día 28 de febrero del año 2019.

Y quiere decir que si alguien desea no pagarle al tandero los 6 mil pesos, puede no hacerlo sin que tal omisión tenga consecuencias. Entonces ya no hablamos de un financiamiento sino de un regalo.

Por hábito y confianza en que la Educación Financiera nos dará las fortalezas para no caer en engaños y fraudes, no estoy de acuerdo en llamar tanda al programa, pues este uso de palabras nos hace vulnerables al propiciar que las personas crean ciegamente cuando alguien les ofrece préstamos a “fondo perdido”, ya que abre la posibilidad de obtener dinero regalado a cambio de un simple trámite.

En efecto existe una creciente necesidad de inclusión financiera, los emprendedores y microempresarios, necesitan apoyos que les hagan más viables sus iniciativas de creatividad y autoempleo.

Sin embargo los programas sociales deben contener candados para asegurarnos que llegarán a quienes verdaderamente los necesitan e inhibir que se haga mal uso de ellos, como se ha hecho durante años.

Porque éstos, son posibles gracias a quienes con nuestros impuestos somos la fuente de financiamiento de cualquier gobierno, y por tanto como benefactores estemos seguros de que nuestro dinero está contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de otros mexicanos.

Y eso solo lo sabremos a través de la rendición de cuentas y la transparencia con que se ejecute el programa.

Aunado a lo anterior otro imperativo del Bienestar debe ser replantear la estrategia para llevar educación financiera a los beneficiarios de todo programa social que involucre dar dinero, pues solo a través del uso correcto del apoyo, se puede vislumbrar progreso en el combate a la pobreza.

 

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