Ahí les va una anécdota que dibuja de cuerpo completo a la mayoría de los integrantes del Partido de la Revolución Democrática, suscitada el pasado sábado en el café de “La Parroquia”, ubicado en la calle de Enríquez, en la capital veracruzana.

Resulta que oportunistas como son, se dieron cita a las once de la mañana para dar una conferencia de prensa y convocaron a los reporteros (as) de varios medios de comunicación de Xalapa.

Ahí estaban todos, la plana mayor del perredismo, perfumados y bañaditos, desde el dirigente nacional, Ángel Ávila Romero; el mediocre lidercillo estatal, Jesús Velázquez Flores; el secretario general del partido, Roberto Peña González; el panista arrepentido de Julio Saldaña Morán y hasta el vividor de Manuel Bernal Rivera.

¿El motivo de su conferencia? Ya saben, peores que aves carroñeras, se le fueron al cuello a las autoridades tanto estatales y federales, incluso, pidieron justicia y resultados respecto a la explosión suscitada horas antes en un ducto en el estado de Hidalgo.

Así es, no había transcurrido ni un día de esta tragedia, y los amarillos ya andaban gritando y exigiendo dar con los autores, ni siquiera por sensibilidad se pudieron callar o sumarse a las tareas de apoyo, no, para estos rapiñeros sacar raja política es mejor.

Sin embargo, eso no es todo, la careza en el pastel es lo siguiente: eran entre doce y catorce perredistas ahí aplastados, había alrededor de 25 reporteros, los meseros del negocio tuvieron que juntar tres mesas, pidiéndoles a los políticos que consumieran, pues es regla de todo negocio comprar si se ocupa un espacio dentro del lugar.

Además, los meseros casi suplicaron que consumieran, ya que de no hacerlo -con justa razón-, los dueños del café y sus jefes les llaman la atención, pues hay gente que quiere desayunar y al no haber mesas disponibles deben esperar.

Inició la aburrida conferencia, los meseros se acercaban a quienes daban la conferencia para consultar que iban ordenar, no obstante, todos se hicieron del “avión”, respondían con esto: “espérate”, “ahorita vemos”, “terminando compramos”, “aguanta”, “más al rato”, “estamos ocupados”, “no molesten, no nos vamos a ir”.

¿Qué pasó? No consumieron ni un vaso con agua, ni un café, vaya, son tan codos que ni para ellos ordenaron algo, para los reporteros menos, en síntesis: llegaron, ordenaron que les juntaran mesas, hablaros pestes -sólo eso saben- y se largaron, peores que unos bandidos.

Luego de que se fueron, ocurrió lo que se temía, a los meseros les llamaron la atención y les dijeron que todo aquel que entra debe consumir alimentos o bebidas.

Claro, y están en su derecho, es un negocio, no es beneficencia, empero, los perredistas solo muestran lo que son: gandallas, déspotas, marros y chillones, no proponen nada, sólo hacen leña del árbol caído. ¡Qué pena!