Por Norbert Monfort*

“Lo único más grande que su música es su historia”. Así se anunciaba una de las películas biopic más esperadas del 2018. Bohemian Rhapsody, de la mano del aclamado director Bryan Singer, llegó a las salas de cines para volvernos a conquistar con la música de una de las bandas más míticas de la historia.

Sin duda, nadie cuestionaría que la fama y el éxito de Queen se debió a la voz de quien muchos consideran el mejor cantante de todos los tiempos: Freddy Mercury. ¿Pero fue Freddy realmente un “líder”, tal como lo pensamos en los términos de hoy? ¿Fue su voz o su carisma lo que los hizo inmortales? ¿O su personalidad? ¿O sus extravagantes atuendos en el escenario?

“Soy el vocalista principal, pero no el líder de la banda”, confiesa Freddy en un momento de la película. Su personaje se nos presenta no solo como un extraordinario talento, sino como un artista singular rodeado de otros tres músicos singulares: Brian May, Roger Taylor y John Deacon. Los cuatro construyen un entorno vibrante dispuesto a romper todas las reglas de las bandas del momento, tal como la canción que le da nombre a la película: “Bohemian Rhapsody”, es una suite de seis minutos que combina música clásica, hard rock, ópera y rock progresivo… Todos los estudios pronosticaban un fracaso; pero la pasión y la visión de estos jóvenes músicos la convirtieron en un ícono.

¿Qué cambio de paradigma, a la hora de liderar personas, nos muestra la historia de Queen? Hay una escena al respecto muy ilustrativa (pedimos disculpas por el spoiler): después de haber firmado un álbum solitario, a la espalda de sus compañeros, Freddy vuelve arrepentido a buscar su perdón. Sabe que su decisión egoísta había causado un quiebre entre ellos. Al reunirse todos en la misma sala, Freddy confiesa una suerte de descubrimiento que hizo mientras trabajó con otros músicos, por fuera de Queen: “El problema de estos músicos es que hacían todo lo que yo ordenaba. No había rebeldía. Nadie se quejaba ni cuestionaba mis ideas”.

Queen nunca había funcionado de manera jerárquica, con un Freddy “director de orquesta” marcando el ritmo y la melodía de cada canción. La película a menudo nos muestra las discusiones y peleas entre los miembros. La mayoría de las veces se trataba de trabajos colaborativos donde cada uno, desde su talento, aportaba lo suyo. Más que una orquesta, Queen se muestra como una “banda de jazz”: un entorno donde todos tienen la oportunidad de improvisar y crear… ¡y cuestionar! La desobediencia o la rebeldía —dentro de los límites— suele ser muy productiva en el funcionamiento de los equipos, ya que desde un rol de monitor-evaluador se puede fomentar la innovación, la creatividad y capacidad de reinventar lo que ya existe.

¿Qué entornos buscamos en nuestras organizaciones? ¿Orquestas o bandas de jazz? Para responder estas preguntas debemos repensar los ambientes en los que nos movemos para discernir qué conviene más: la inflexibilidad que domina en las jerarquías o la inestabilidad que planea en la red.

Cuando en la película le preguntan a Freddy qué cualidad distingue a Queen de todas las otras bandas, responde: “Somos cuatro inadaptados que tocamos para otros inadaptados. Somos los que están al fondo de la sala. Les pertenecemos al público”.

Es difícil adaptarse a los tiempos y modos del mundo de hoy. Pero si lo intentamos, al menos dejemos lugar para que todos puedan aportar algo de magia.

*El autor es especialista en gestión de equipos, profesor de ESADE Business School y fundador de Monfort Ambient Management.