El Universal

México, 03 de noviembre de 2018.- A Diego Armando Maradona le seguirá faltando esa ornamenta en su vitrina, la de un título como entrenador. El ex astro argentino y sus Dorados se quedaron a un paso de conseguirlo, pero el exceso de confianza los traicionó, para que el Atlético San Luis les arrebatara por global 4-3, la corona del Ascenso MX.

Aunque Maradona vio el juego desde la tribuna del estadio Alfonso Lastras, al cumplir una suspensión, la ecuadra del Gran Pez aplicó el futbol que se trabajó a lo largo de la semana. Además, la ventaja de un tanto de la ida, los de Culiacán jugaron con la desesperación y la hostilidad del rival.

El primer tiempo fue de contrastes. Mientras la localía se fundía con largas carreras por las bandas, la visita se plantaba con orden, atenta a los espacios que les llegaran a ofrecer los rojiblancos. Los de Culiacán se sentían seguros de dar ese golpe definitivo.

Gaspar Servio tuvo una noche más que exigida. Vivió de cerca la frustración de la fanaticada rival, al soportar constantes insultos y ser víctima de proyectiles. Incluso, un petardo explotó cerca de su cabaña para romper con su concentración. Los propios jugadores de San Luis salieron a calmar a su grada para evitar que estallara las violencia.

Con más intensidad que ingenio,los potosinos no pegaron primero porque no quisieron, luego de una serie de fallas frente al arco.

Esa debilidad de los dirigidos por Alfonso Sosa fue aprovechada por el olfato goleador de los sinaloenses, que sacudieron las redes por conducto de Vinicio Angulo y Edson Rivera.

Sin embargo, la grada contagió de ímpetu a sus potosinos, que mandaron el juego al alargue, con anotaciones de Nicolás Ibañez e Ian Gonzalez; Diego Barbosa, de Dorados, contribuyó con un autogol.

El juego se volvió no apto para cardiacos. En el terreno de juego la dinámica era de idas y vueltas, con la posibilidad para cualquiera de ambos bandos, porque en juego estaba la mitad del sueño de ser de Primera División.

Los dirigidos por Maradona se durmieron en soberbios laureles , obligados al alargue, para que despues Leandro Torres definiera con un remate de cabeza el 4-3.

“Vamos a volver, vamos a volver. Ohhh, vamos a volver, vamos a volver…” cantaban al unísono e donde suelen llamarlo el Templo del Dolor.

Caida brutal del cielo al infierno, ni la mano de D10S, desde un palco alcanzó a rescatar al Gran Pez, que con todo y subcampeonato dieron más sorpresa.