En la recta final del sexenio, el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, sostiene que el legado principal de la administración de Peña Nieto son las reformas estructurales.

Se hicieron con la conciencia de que se afectaban intereses fuertes, como en los casos de la reforma en Telecomunicaciones, que rompió monopolios que antes nadie se atrevió a tocar, y la de Educación, que lo enfrentó con cúpulas sindicales poderosas.

El objetivo fue potenciar las posibilidades de crecimiento económico del país en el mediano plazo y contribuir a disminuir problemas ancestrales, como desigualdad y pobreza.

La pregunta es cuántas de esas reformas resistirán el cambio de administración.

Hay señales de que el nuevo gobierno quiere emprender un camino diferente y que las reformas no tendrán oportunidad de madurar. Escribe “Pepe Grillo” en Crónica.