* Krav Magá se ha vuelto la nueva técnica de defensa ante el incremento del acoso, los secuestros, las violaciones y los feminicidios en el estado

Animal Político 

México, 10 de julio de 2018.- Lo que empezó a los 21 años como un pasatiempo para ejercitarse es hoy la actividad central de Silvia Ramón Molina. Y no necesariamente para ganarse la vida: da talleres de defensa personal con la técnica del Krav Magá, el sistema oficial de lucha y defensa personal usado por las Fuerzas de Defensa y Seguridad israelíes, para que mujeres de todas las edades se defiendan ante el incremento del acoso, los secuestros, las violaciones y los feminicidios en Veracruz.

Y no es para menos. De acuerdo con datos de la ONU, en México se comenten 7 feminicidios cada 24 horas. Data Cívica, organización especialista en manejo de datos, reporta que entre 2004 y 2016 al menos 8 mil 913 mujeres en México fueron asesinadas simplemente por ser mujeres.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) tiene más detalle: a nivel nacional, el 66.1 por ciento de las mujeres de 15 años y más han enfrentado al menos un incidente de violencia por parte de cualquier agresor alguna vez en su vida, mientras que el 43.9 por ciento de las mujeres han sufrido violencia por parte de su actual o última pareja, esposo o novio, a lo largo de su relación. En los espacios públicos o comunitarios, el 34.3 por ciento de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia sexual, que van desde frases ofensivas, acecho y abuso, hasta manoseo y exhibicionismo obsceno.

De ahí el interés de Silvia para que las mujeres sepan defenderse, ante la ausencia de una estrategia del Estado que frene la violencia en su contra. Lo más difícil de su taller Mujeres en Alerta, dice, es hacerle entender a sus alumnas que tienen todas las habilidades para aprender a pelear.

“Yo empecé cuando levantaban chicas y cada dos o tres meses aparecían en baldíos. Empecé a dar seminarios de defensa personal y muchas mujeres estuvieron tomándolos. Pero me cuesta muchísimo más trabajo con ellas, porque no saben pelear. Desde chiquitas a las mujeres nos inculcan el no pelees, no contestes, no seas grosera, y entonces nunca nos adentramos en el tema ese de pelear y aprender a defendernos físicamente”, cuenta.

Fernanda fue alumna de Silvia cuando tenía 16 años, después de que el doctor de confianza de su familia la acosara sexualmente cuando acudió a hacerse un procedimiento médico. Como ella, el 20.1 por ciento de las mujeres en el país han sufrido acoso por parte de un vecino, amigo o conocido, el 71.4 por ciento por desconocidos y el 5.3 por ciento por algún conductor de transporte público, de acuerdo con la ENDIREH.

Fernanda, quien pidió omitir su nombre completo por miedo a represalias, sabe lo que es el acoso desde que era una niña y por eso que decidió tomar las clases del taller de Silvia. Ella no toma el transporte público sola y opta por usar pantalón holgado cuando sale a la calle.

“En lo personal me sentí muy indefensa, no sabía cómo actuar, ni siquiera sabía lo que estaba pasando. Entonces fue así como de ‘quiero saber defenderme’ y no solamente yo porque tengo sobrinas, primas que son menores, y no me gustaría que se lo hiciera y al menos poder defenderlas”, afirma.

Porque el chiflido, el manoseo y los “piropos” que se dan en un 64.3 por ciento en espacios públicos de acuerdo con la ENDIREH, son un tipo de violencia contra las mujeres que no distingue edades.

Claudia Leticia Pérez Mínguez, de 45 años, indica que uno de los abusos más graves que ha tenido fue una vez que tomaba el aire en el ventanal de su casa, cuando un hombre desde la calle se acercó, le dio una nalgada, la manoseó y al mismo tiempo la empujó de bruces, logrando que se lastimara y quedara paralizada del miedo.

“No supe ni qué hacer. Este tipo de cosas son las que te hacen pensar que necesitas hacer algo que te ayude a saber cómo debes reaccionar en un momento dado. En un principio solo llevaba a clases a mis hijos, pero con tanta inseguridad sobre todo para nosotras me hizo pesar que inclusive yo podría estar más expuesta”, comenta.

En los últimos años las mujeres han tenido que buscar maneras de defenderse contra las agresiones de tipo sexual a las que están expuestas. Melina Beristain Rosas, dueña de una tienda de artículos de defensa personal, afirma que lo que más se vende es el gas pimienta y las carcasas para teléfono celular que al oprimirles un botón dan toques eléctricos. Sus compradoras son jóvenes de secundaria y bachillerato.

Otras mujeres, como Fernanda o como Claudia optaron por tomar las clases de defensa personal que tienen un precio de 150 pesos por una hora, de las cuales son muy comunes encontrar anuncios en redes sociales como Facebook.

Silvia explica que el objetivo de las clases, además de enseñarles algunas técnicas de Krav Magá a las mujeres, es devolverles la seguridad de transitar libremente por las calles.

“Yo lo digo siempre, esto es para prevenir y saber como actuar en ese momento. Devolverles la seguridad a las mujeres, enseñarles que no somos el sexo débil y que tenemos muchas habilidades físicas es muy padre, pero ojalá nunca tuviéramos que usarlo, ojalá nunca una mujer fuera violentada, violada o asesinada, pero por ahora solo nos toca estar atentas y saber defendernos”, asegura.