Desde hace algunas semanas se habla de que policías municipales detuvieron en Jalisco a dos ciudadanos italianos y se los entregaron a una célula del crimen organizado.

No es la primera vez que policías son acusados de hacer el trabajo sucio: detienen personas que después entregan, para ser ejecutados, a sus jefes reales, capos del crimen organizado.

Policías suelen entregar migrantes a capos e Tamaulipas. Policías entregaron a los normalistas de Ayotzinapa a los Guerreros Unidos y ahora policías de Tecalitlán están bajo sospecha de privar de la libertad a los ciudadanos italianos.

Cualquier intento serio de reestablecer la paz y el estado de derecho en el país tiene que partir de que las policías vuelvan a ser aliados de la población, no sus enemigos más temibles.

Relata “Pepe Grillo” de Crónica