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CIUDAD DE MÉXICO.

Como cada año, octubre es el Mes de Sensibilización del Cáncer de Mamay se celebra en todo el mundo con el fin de aumentar la atención, concientización, detección temprana y el tratamiento de este mal, lo que representa un reto para las autoridades de salud.

Los casos de esta enfermedad se incrementan cada vez más de forma más rápida en países ricos que en los de economías en desarrollo y aunque las causas de ello son múltiples, es un problema que tiene relación con los estilos de vida.

El aumento de casos en los países desarrollados puede deberse a un mejor diagnóstico debido a las condiciones de sus sistemas de salud, ya que la mortalidad por ese padecimiento tiende a ser más en las naciones de bajos ingresos, lo que podría indicar que los casos, cuando se detectan, están en fases tardías de la enfermedad.

A nivel mundial se estima que cada año se detectan 1.38 millones de casos nuevos y hay 458 mil decesos por esta causa, siendo el tipo de cáncer de más incidencia entre las mujeres, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En México, según datos de la Dirección General de Información en Salud, dependiente de la Secretaría de Salud, en 2014 había 689 mastógrafos a nivel nacional en instituciones públicas de salud, donde la mayor concentración estaba en la Ciudad de México.

Entre más temprano sea diagnosticado este mal, el tratamiento es más oportuno, por lo que es de suma importancia que las mujeres se hagan la autoexploración mamaria, que es una de las formas en que pueden reconocer signos anormales como cambios en la piel o en la forma del seno, bultos de consistencia dura, de bordes regulares o irregulares, hundimiento del pezón o secreciones.

La mastografía es el estudio que revela anormalidades en el tejido mamario, aun cuando los tumores son tan pequeños que por medio de la autoexploración no se pueden detectar, y con ello ayudar en el diagnóstico preciso de la enfermedad.

Para la prevención, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer de mama, los servicios de salud deben hacer el examen clínico de las mamas (palpación mamaria) a las mujeres desde los 25 años de edad; esto, además de permitir la identificación de alguna anomalía, ayuda a determinar la edad de inicio de las mastografías, sobre todo en casos con antecedentes familiares.

La prueba de tamizaje se debe hacer cada dos años en mujeres de 40 a 69 años de edad con o sin signos o síntomas, para las que tienen antecedente personal de cáncer de mama, como medida de seguimiento es recomendable hacerla cada año, incluyendo a las de 70 y más años.

A nivel mundial, el cáncer de mamá es el más común entre las mujeres y representa 16 por ciento del total de los casos de cáncer para esta población.

En 2014, del total de casos de cáncer diagnosticados en la población mexicana de 20 años y más, el de mama fue el de más presencia con 19.4 por ciento; por sexo, el tumor maligno de mama en los hombres sólo representó uno por ciento del total de casos; por otra parte, tres de cada 10 mujeres de 20 años y más con cáncer, tienen el de mama, lo que lo ubica en el primer lugar de los tumores malignos para este grupo poblacional.

Se ha observado que el desarrollo de esta enfermedad puede estar influenciado por la edad. En las féminas se incrementa el tiempo de exposición a los factores de riesgo ya sean exógenos (estrógenos) o endógenos (estilos de vida), y así, las probabilidades de padecerlo aumentan con la edad.

Para 2015, en México se observó un incremento de la incidencia de tumor maligno de mama con la edad para ambos sexos. En las mujeres, la incidencia alcanzó su punto máximo en las del grupo de 60 a 64 años (68.05 por cada 100 mil mujeres de ese grupo de edad), y luego descendió en el de 65 y más años.

En tanto, que el aumento mayor se observó entre las mujeres de 25 a 44 años y las de 45 a 49 años, ya que los casos nuevos pasaron de 13 a 50 (por cada 100 mil mujeres de cada grupo de edad, respectivamente).

Una medición que da cuenta de la agresividad del tumor maligno de mama es la tasa de letalidad en nosocomios por esta enfermedad, la cual es una expresión de la relación entre las personas fallecidas y los egresos hospitalarios por esa causa.

En México, durante 2014, se observó que desde los 20 años de edad (exceptuando a las mujeres del grupo de 25 a 29 años) y hasta los 74 años, hay dos fallecimientos por cada 100 egresos hospitalarios de cáncer de mama; a partir de los 75 años y más, la cifra subió a tres de cada 100 egresos por esta causa.

El cáncer de seno es parte del grupo de enfermedades crónico-degenerativasque tienen tratamiento y posibilidades de curación, pero por diversas complicaciones puede ser causante de la muerte de quien lo padece.

El tratamiento de este padecimiento no se limita sólo al aspecto físico sino que debe contemplar el ámbito psicológico. Para la prevención, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer de mama, destacan las directrices mínimas que los servicios de salud deben prever sobre la consejería y el acompañamiento emocional.

Tanto pacientes como familiares deben tener la oportunidad de aclarar todas sus dudas respecto a la enfermedad, tratamiento y pronóstico; con el acompañamiento emocional se busca que las pacientes puedan explorar y expresar los sentimientos que surgen al momento del diagnóstico, ante las opciones de tratamiento (posible mastectomía y efectos físicos de quimio y radioterapias) y el seguimiento posterior a éste.

Este padecimiento tiene cinco etapas de desarrollo, en la Etapa 0 el tumor maligno se encuentra más focalizado y es fácilmente tratable, hasta la Etapa IV donde se ha diseminado a otras partes del cuerpo (metástasis), y el tratamiento es sólo para brindar la mejor calidad de vida hasta el desenlace a causa de la enfermedad.

La etapa en que se encuentre al ser diagnosticado es determinante en el éxito terapéutico e incide en las probabilidades de supervivencia. Así, en la Etapa 0 hay 95 por ciento de probabilidad de supervivencia; en la Etapa I es de 88 por ciento; baja a 66 por ciento en la Etapa II; desciende a 36 por ciento en la Etapa III y es de apenas siete por ciento en la Etapa IV.

En México, 90 por ciento de los casos detectados están en Etapa III y IV, y según lo señalado por el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, en el país cada dos horas muere una mujer a causa de este padecimiento.