El funcionario de Pemex encargado de cuidar los ductos, el general Eduardo León Trauwitz, dispone de cuantiosos recursos y del apoyo absoluto de la Sedena; por eso llama la atención que en este sexenio haya crecido tanto el delito de robo de combustible en distintos puntos del país, soslayado por años pese a su escandalosa flagrancia. Un reporte de la Auditoría Superior de la Federación muestra serias anomalías en el manejo del presupuesto y la infraestructura para vigilancia en este rubro, pero el gobierno pretende usar los enfrentamientos con las bandas de huachicoleros para promover la nueva ley que respalde sus funciones de seguridad pública.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Desde el inicio de su gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto puso al militar de sus confianzas, Eduardo León Trauwitz, al frente de la seguridad de Pemex. Jefe de escoltas de Peña desde el Estado de México, el ahora general ha tenido grandes beneficios en este sexenio: ascendió de grado militar más pronto que sus contemporáneos, amplió la influencia de su oficina en la empresa pública y obtuvo una fuerza de 2 mil 500 elementos del Ejército y la Marina para su principal tarea, la vigilancia de los ductos de gasolina.

Aunque no es el primer jefe castrense a cargo de la seguridad de las instalaciones de Pemex, el general León Trauwitz ha sido el principal encargado de combatir la “ordeña” de combustible, que viene desde el gobierno de Felipe Calderón pero que se ha agravado en el de Peña Nieto.

El Ejército ha sido el principal apoyo del general de Infantería para esta tarea. Pero también ha contado con cuantiosos recursos materiales y económicos, incluidos dos aviones que según los legisladores del PAN terminaron destinados al uso de la Presidencia de la República.

Además, de acuerdo con el reporte de la cuenta pública de 2015 de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), otros aparatos aéreos comprados para el combate del robo de combustible fueron usados por el entonces director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, sin que se haya comprobado que fue para la “movilidad táctica y estratégica” de funcionarios para la toma de decisiones de “seguridad nacional”, según reportó la reportera Jesusa Cervantes (Proceso 2107).

Aunque el nombre del general León Trauwitz ya se había hecho visible a principios del sexenio, ya que el 31 de enero de 2013 una poderosa explosión destruyó tres niveles de la torre B-2 de Pemex, en la Ciudad de México, el cargo del jefe miltar surgió de nuevo en medio de las revelaciones de una probable ejecución extrajudicial de un civil a manos de la Policía Militar (PM), durante una confrontación armada con presuntas bandas dedicadas al robo de gasolina, el pasado 3 de mayo en Palmarito, Puebla.

La PM se ha convertido en la apuesta del secretario de la Defensa Nacional (Sedena), el general de división Salvador Cienfuegos, para mantener la participación de los militares en tareas de seguridad pública, a pesar de su escasa experiencia. Por ello, de la mano del Congreso busca reformar la ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos para que vayan más allá de las funciones de vigilancia que ahora realizan.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2115, ya en circulación