Mientras se desahogaba la audiencia de Javier Duarte, ex mandatario de Veracruz, en Guatemala, uno de sus tantos ex colaboradores más cercanos, el diputado Tarek Abdalá, se paseaba entre las curules del Palacio Legislativo de San Lázaro. No sólo él, sino todos los otrora aliados del mandatario en desgracia, encontraron en San Lázaro el refugio blindado que necesitaban, teniendo al fuero como escudo. La Cámara de Diputados ha sido la guarida de quienes fueron funcionarios cercanos a Duarte. Ellos se defienden de toda acusación y no tienen problema de señalamientos. Tarek Abdalá es el caso más emblemático. Ricardo Ramírez Nieto, presidente de la Sección Instructora, prometió que tres días antes de que termine el periodo ordinario de sesiones estará listo el dictamen sobre el desafuero de Abdalá. Y entonces sí, a pagar las deudas con la justicia. Comenta “Frentes Políticos” de Excélsior