* Actualmente se carece de un protocolo unificado en el país para el manejo final de restos humanos que son depositados en panteones oficiales sin identificar; hay contabilizadas, entre 2013 y el 31 de julio del presente año, 13 mil 616 personas no localizadas

Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.- Durante la presente administración federal se tiene el registro de 14 mil 184 personas extraviadas desaparecidas, se han ubicado 156 fosas clandestinas con el hallazgo 303 cuerpos y, ante la dimensión de este problema, las autoridades carecen de un protocolo nacional para la identificación de restos humanos y su destino final en fosas comunes oficiales.

El Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), tiene contabilizadas, entre el 2013 y hasta el pasado 31 de julio del presente año, a 13 mil 616 personas no localizadas en denuncias del fuero común.

Cifras del mismo organismo establece que, entre enero de 2013 y hasta el pasado 31 de agosto, había el reporte de 568 personas en casos relacionados con delitos del fuero federal.

Por su parte, la Procuraduría General de la República (PGR) tiene el registro de 156 fosas clandestinas localizadas, con el hallazgo de 303 cadáveres, por los que se han iniciado las investigaciones correspondientes.

Los casos de fosas para la inhumación ilegal de restos, han sido muchos, algunos escandalosos como el de San Fernando, Tamaulipas, en donde entre 2010 y 2011 se localizaron 192 cuerpos, la mayoría de ellos de migrantes centroamericanos.

En noviembre de 2013 fueron ubicadas 35 fosas clandestinas con un total de 68 cuerpos en el municipio de La Barca, Jalisco, como parte de las investigaciones por la desaparición de dos agentes de la PGR.

Mientras que, en el marco por las investigaciones de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en septiembre de 2014, la dependencia federal descubrió 17 fosas ilegales con 39 cuerpos, entre el 18 de noviembre de 2014 y el 26 de enero de 2015.

Estas cifras no incluyen en reciente caso de la fosa clandestina ubicada en el ejido Patrocinio, municipio de San Pedro, estado de Coahuila, en donde en un área de aproximadamente 160 mil metros cuadrados, se han encontrado más de cuatro mil fragmentos óseos, en los primeros días de octubre.

Sin un protocolo unificado

Entre el 23 de mayo y el 3 de junio del presente año, se realizó la exhumación de 117 cuerpos humanos, de un total de 119, y 12 bolsas con restos, en el panteón municipal de la comunidad de Tetelcingo, en Cuautla, Morelos, por parte de la Fiscalía General de la entidad.

Este caso, en donde sólo han sido identificadas por su nombre 21 de las víctimas y en 44 no se inició una investigación pese a que murieron en circunstancias de violencia, puso en evidencia la falta de un protocolo unificado en el país, para el manejo final de restos humanos.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en voz de su segundo visitador general, Enrique Guadarrama López, manifestó esta necesidad, el pasado 6 de octubre, cuando se presentó la Recomendación 48/2016, por caso de las fosas de Tetelcingo.

“Este caso, más allá de su relevancia y consecuencias en el Estado de Morelos, en opinión de la CNDH pone en evidencia la necesidad de que se establezcan en todo el país, protocolos y normas de actuación unificadas, conforme a estándares internacionales, para el cuidado, preservación y manejo de restos humanos.

“La urgencia de contar con un banco genético de datos, un registro nacional que permita avanzar en los múltiples casos de desaparición que se tienen; la importancia de revisar el marco normativo aplicable a los panteones y lugares de inhumación en nuestro país, así como de revisar los mecanismos para vigilar su cumplimiento y las sanciones a las que se hagan acreedores quienes lo infrinjan”, señaló en ese momento el visitador Guadarrama López, de la CNDH.

Para la realización de este trabajo, Grupo Imagen solicitó a la PGR una entrevista para conocer los avances en la integración de un banco nacional de datos que reúna la información de los restos encontrados en el país, así como su protocolo para el manejo y destino final de restos; sin obtener respuesta favorable.

Experiencia acumulada en el Incifo

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Incifo) entre los años 2010 y 2015 ingresaron para su estudio un total de 26 mil 306 cadáveres identificados y 2 mil 736 en calidad de desconocidos.

El organismo, dependiente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, contabilizó un total de mil 319 cuerpos que fueron enviados a la Fosa Común, en el mismo periodo de seis años.

Contrario a lo que está ocurriendo en otras entidades del país, en la Ciudad de México se ha establecido un protocolo para la conservación de información y la disposición final de restos humanos en la Fosa Común, ante una eventual identificación por parte de los deudos, aun con años de distancia.

Blanca Briseño, perito odontóloga, titular del Departamento de Identificación del Incifo, explicó que todos los restos pasan por un proceso en que intervienen diferentes disciplinas para su identificación inmediata o posterior a su envío a la Fosa Común del Panteón Civil de Dolores.

“Un protocolo que tenemos, en una entrevista muy completa que puede durar incluso hasta dos horas, preguntamos todos los elementos con que podemos identificar a una persona.

“Mediante esos datos que ellos nos proporcionan, nosotros los comparamos con nuestra base de datos del Departamento de Identificación, y con eso les damos un resultado en algunas ocasiones y desafortunadamente positivo, en otras negativo, y que no se encuentra con nosotros”, explicó la perito odontóloga.

Este registro de la base de datos contiene las huellas dactilares, fotografías, detalles de una completa revisión antropológica, registros dentales y la toma de muestras biológicas para un eventual examen de ADN.

En la revisión de los restos se toman en cuenta todos los elementos que aporten pistas para una identificación inmediata, ya que los restos permanecen, por ley, sólo 10 días hábiles antes de ser enviados al Panteón de Dolores.

Algunos cuerpos, antes de su traslado a la Fosa Común, son enviados a la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para prácticas escolares, una vez que pasaron por todo el proceso de obtención de muestras para identificación.

“Tomamos fotos del tatuaje, de la cicatriz, del lunar, todo lo que nos sea significativo, incluso hasta situaciones que nos indiquen el trabajo que desempeñaba la persona.

“Por ejemplo, manos que en las uñas tengan residuos de grasa, de pintura, puede ser herrero, puede ser un mecánico, un hojalatero, y ese tipo de características de trabajo nos sirven a nosotros para orientar a la familia”, explicó Briseño.

El objetivo en el Incifo es tener toda la información que permita a una persona identificar un cuerpo, consultando sólo imágenes, ya sin pasar directamente a la zona de gavetas, debido a esa práctica se ha eliminado.

Ahora, si un deudo insiste en ver a su familiar lo hace a través de una cabina, similar a una Cámara Gesell, en donde el cuerpo es colocado en una plancha separada por un cristal.

El estudio del ADN se realiza sólo cuando sigue existiendo alguna duda que confirme la identidad de la víctima, explicó la perito odontóloga.

“A todos los cadáveres en calidad de desconocidos se les toma una muestra biológica, un tejido, para poder tener una base de datos de ADN, pero esto es muy importante resaltarlo, no hacemos el corrido de la muestra.

“Tenemos la muestra, pero no extraemos el ADN. Por qué no lo hacemos, bueno porque tenemos una gran cantidad de cadáveres que ingresa y sería demasiado pesado para el Departamento de Genética, y demasiado costoso, estar corriendo las muestras de todos los cadáveres”, explicó Briseño.

Urge protocolo

La responsable del área de Odontología, del Departamento de Identificación del Incifo, Briseño, reconoció que no existe un protocolo nacional para la identificación de restos y su disposición final, además de la falta de especialistas en las diferentes disciplinas.

“Lo ideal sería que cada Semefo en todos los estados tuvieran este mismo protocolo, este mismo sistema de trabajo para poder tener un mejor control de todos los cuerpos que tienen y que solamente están en la fosa como los que están totalmente con el proceso de identificación.

“Lamentablemente no pasa, dado que todos son independientes, pertenecen a las procuradurías y muchos estados, en algunos como Puebla que pertenecen al Tribunal, tenemos conocimiento de que algunos sí, pero no todos”, dijo Briseño.

Depositados con orden

Pasados los 10 días hábiles o 15 naturales, los restos humanos son enviados a la Fosa Común del Panteón Civil de Dolores, en donde desde hace años se trabaja a partir de un sistema coordenadas para localizar un cuerpo que sea reclamado, sin importar el tiempo transcurrido.

Samuel Otero González, líder coordinador de Proyectos de Panteones de la delegación Miguel Hidalgo, explicó que este protocolo les permite una ágil localización para su exhumación, en caso de ser solicitadas por los deudos.

“Según la profundidad que tenga la fosa, se va rellenando por niveles, es decir, la primera cama de cuerpos es el primer nivel, segundo, tercero, hasta que llene la fosa, ese es el segundo dato, tenemos ya la fosa y el nivel.

“Tercer dato que tenemos para tener el orden de los cuerpos es la línea, dentro de la cama del nivel se le asigna un número a cada cuerpo conforme el orden en el que se va poniendo, entonces de esa manera tenemos una coordenada que ligada al número de la averiguación con la que el Instituto nos lo entregó”, detalló Otero González.

La persona que pretenda reclamar la entrega de restos humanos, deberá pagar 130 pesos, para el trámite administrativo, en el que participan el Ministerio Público, personal de Salud, bomberos, sepultureros y la administración del Panteón de Dolores.

El interesado debe permanecer en el lugar para confirmar la identidad del cuerpo, y en caso de trasladar el cuerpo a otro lugar para su reinhumación, esos gastos corren por cuenta de los interesados.

“Es complicado, bastante complicado, los compañeros deben usar un equipo especial, aunque a veces es muy incómodo para ellos, pero es un equipo especial de protección, los bomberos obviamente vienen ataviados de manera particular, y es terrible.

“En ocasiones se tiene la necesidad de exhumar más de 100 cuerpos para poder encontrar el que buscamos, entonces se sacan con todo cuidado, se van colocando a un lado de la fosa y cuando encontramos el que buscamos se separa y tenemos que iniciar el proceso de volver a colocarlos en su lugar para no perder el orden, por si más adelante alguno también es necesario localizarlo”, indicó el funcionario.

El sepulturero

Un trabajo importante en esta sección del Panteón Civil de Dolores es la del sepulturero, quien es el encargado de depositar los restos en la Fosa Común, sin mayor ceremonia que ir conformando el orden de colocación.

Apolinar Reyes Méndez tiene 21 años trabajando en el camposanto, de los cuales los últimos siete han sido en la zona de la Fosa Común, en donde ayuda en el doloroso trámite del reclamo de un cuerpo.

“Ver a la gente como viene y reclama sus cadáveres o sus cuerpos de las personas que vienen a rescatar, hay mucha gente que viene con el dolor, viene destrozada y todo a recuperar un cadáver de aquí de la Fosa Común. Llegan a marcar a poner una cruz a donde ellos saben que ahí está su familiar.

“Con unos papeles que ellos traen de Niños Héroes, el número de averiguación previa, con el archivo que nosotros tenemos, con eso se les indica en qué fosa está y en qué nivel está.”, comentó.