El Ejército y la Marina han presumido que cuatro de los cinco medallistas mexicanos en Río 2016 salieron de sus filas. Pero el hecho tiene aristas harto criticables: la Sedena sólo contrata a consagrados –lo que beneficia al atleta, pero no al deporte en sí–; el programa es “inexistente” según el Estado Mayor Presidencial; la entrega de rangos discrimina a los soldados de carrera y, tal vez lo más importante, el Ejército discrimina y se ha ensañado con atletas que efectivamente se formaron en esa institución. Al marchista Éder Sánchez, por ejemplo, le destrozó su carrera por atreverse a criticar.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina (Semar) han presumido a los medallistas olímpicos como de su propia hechura, pero en realidad se limitan a contratar a deportistas de alto rendimiento y darles las prestaciones que marca la ley.

A cambio, los atletas militares y marinos se comprometen a hablar bien de las Fuerzas Armadas de México (FAM), portar con orgullo el uniforme, mencionar que forman parte de estas instituciones y presentarse a los actos públicos en que sean requeridos, sin importar que carezcan de formación militar.

En contraparte, el Ejército marginó y persiguió a por lo menos dos atletas de alto rendimiento forjados en sus propias filas.

A Éder Sánchez Terán, marchista de sobrada experiencia, primero lo dio de baja de la selección de atletismo del Ejército, luego lo forzó a renunciar, lo llevó a un Consejo de Honor y después le denegó su baja.

Ahora, Sánchez Terán está considerado un desertor, y el panorama no le pinta nada bien, pues no puede acercarse a ninguna instalación de las FAM desde el 27 de enero de 2015 –cuando fue catalogado como desleal al Ejército– ante el riesgo de ser aprehendido. “Es el peligro que corro”, admite en entrevista.

Sánchez sirvió a las FAM durante 10 años y cuatro meses. Al momento de su deserción ostentaba el grado de sargento segundo de transmisiones. Proviene de una familia de vocación militar: su padre, Víctor Sánchez –ya fallecido y quien fue su entrenador– también estuvo en el Ejército, al igual que sus tíos, entre ellos Joel Sánchez, medallista de bronce en 20 kilómetros de caminata en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

El marchista ingresó a la institución el 1 de septiembre de 2004 como soldado raso y su comandante lo autorizó a entrenarse.

El andarín estuvo en el top ten del ranking mundial y fue seleccionado por la Subdirección de Educación Física y Deportes de la Sedena, donde estuvo adscrito los últimos nueve años como atleta de alto rendimiento. “Mi trabajo consistía en cumplir como deportista y dar resultados”.

A principios de 2015, sus críticas sobre el mal trabajo del equipo de metodólogos de la Comisión Nacional de Culturas Física y Deporte (Conade) arrojaron sus consecuencias: Éder Sánchez fue citado por el director de Alto Rendimiento de la Conade, Coriolan Traian Lalu. En esos tiempo la comisión era dirigida por Jesús Mena.

Lalu le exigió al marchista prescindir de su entrenadora. Nada menos que su propia madre, Graciela Terán. A cambio de ello, asegura Éder, conservaría su beca de 30 mil pesos mensuales. Tras su negativa –acusa el andarín– el funcionario le redujo la subvención. Pasó a percibir 8 mil pesos y fue catalogado como un atleta rebelde.

Sánchez se había ganado su beca tras obtener el bronce en el Campeonato Mundial de Atletismo Berlín 2009, en 20 kilómetros, pero se quedó con la presea de plata por la descalificación del ruso Valeri Borchin.

De acuerdo con el andarín, la Conade le informó a la Sedena de su supuesta rebeldía. El caso es que el 23 de enero de 2015, el general de brigada diplomado del Estado Mayor Jaime López Reyes le turnó el siguiente oficio:

“Por acuerdo del C. general secretario de la Defensa Nacional, se comunica a usted que con fecha 23 de enero de 2015, por exigencias del servicio, causa baja de la selección de atletismo representativa del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, debiendo presentarse desde luego en la Dirección General de Transmisiones (DGT) para su control administrativo.”

Al día siguiente, Éder respondió por la misma vía al general de brigada. En ella expuso que ese día un abogado militar lo había buscado y –ante la mayor Martha Leticia Yáñez, responsable de la Subdirección de Educación Física y Deportes de la Sedena– le advirtió que disponía de dos opciones: una, solicitar su baja inmediata, “que el abogado militar ya llevaba elaborada”, o incorporarse a la DGT para su control administrativo. El deportista optó por la segunda alternativa.

“Al día de hoy desconozco el motivo de mi situación, ya que no he cometido ninguna falta administrativa o algún delito que manche a la institución. Por lo tanto, solicito que me permita continuar con mis actividades de entrenamiento en la Malintzi, Tlaxcala, ya que busco el pase a los Panamericanos Toronto 2015 y a los Olímpicos Río 2016”, pidió Eder a Salvador Cienfuegos, titular de la Sedena.

El 26 de enero, el general de brigada José Sotero Gutiérrez Bautista le denegó la autorización para entrenarse en Tlaxcala.

Pero lo peor fue que la Sedena lo llevó a “un pequeño” Consejo de Honor. “Nadie del personal presente me pudo precisar los motivos de mi despido, ¿Qué les hice o qué les molestó? Si así lo disponen, puedo pedir una disculpa pública. Todos guardaron silencio, excepto el abogado militar: ‘Estás dado de baja de las Fuerzas Armadas de México por orden del secretario. Firma tu baja’,” le dijo, según relata en entrevista.

Aunque al principio Éder se rehusó (“no he cometido ningún delito”), con el transcurrir de los días, y “al ver que ya no podía entrenar, me vi acorralado y decidí salir por la puerta grande: ingresé mi baja, que me rebotaron al otro día, pero ya no regresé al pase de lista y se dio la deserción.

“La Policía Judicial Militar fue a detenerme a la Subdirección de Educación Física y Deportes. Sin embargo, ya me había marchado… me siento tranquilo porque les di grandes resultados y siempre estaré agradecido con las Fuerzas Armadas de México, aunque no me dieron la oportunidad de entrevistarme con el secretario de la Sedena”, a quien intentó enviarle documentos solicitándole que le permitiera concluir su carrera militar con la baja honrosa.

Sánchez desaprueba la política de la Sedena de contratar a deportistas de alto rendimiento sin formación militar: “No está bien. Hay soldados que llevan más de 17 años esperando una cinta de cabo. He estado adentro y también he visto a cabos con 20 o 25 años de servicio que no pueden ascender porque no hay cintas de sargento. No intento polemizar con mis compañeros atletas, a quienes se les reconoce su esfuerzo, pero de igual forma se debe reconocer a los soldados que pasan lista a las seis de la mañana, al mediodía y a las cuatro de la tarde”.

Después de su deserción, Éder ganó el Circuito Internacional de Marcha en 20 kilómetros, el 7 de marzo de 2015 en Chihuahua, luego de dos años de ausencia en las competencias por una lesión. Con ello aseguró su pase a los Panamericanos Toronto 2015.

El pasado 4 de junio, el sitio estadomayor.mx/54321, “el blog de información militar y seguridad nacional”, tituló una nota: “Medalla de oro o prisión militar”, en relación con el caso de Sánchez.

El sitio web indicó que la deserción del marchista “fue producto de las presiones y de la necesidad de estar sin ataduras, sin limitaciones, en una institución que le dio todo, que le permitió seguir con su carrera deportiva, pero que también al final le relegó ‘por malos entendidos, por chismes’” y por los malos resultados.

Un caso más

No ha sido el único caso: en plena preparación rumbo a los Panamericanos Toronto 2015, el remero Leopoldo Tejada fue condicionado por la Sedena a reincorporarse a sus servicios como cabo de infantería o darse de baja y retirarse de las FAM.

En la Sedena “me jugaron chueco”, acusa Tejada, en entrevista. Todo empezó con la querella que el entrenador Daniel Jurado promovió a finales de 2011 contra la Federación Mexicana de Remo por despido injustificado. El agraviado demandó al presidente (Pedro Cuervo), al vicepresidente Maximino Gildardo García y a miembros del consejo directivo: los remeros Leopoldo Tejada y Analicia Ramírez, ambos vocales y seleccionados nacionales.

“La federación no atendió la demanda laboral en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, y cayó en un problema de falta de notificaciones y ausencia de testigos, por lo que resultamos afectados Analicia y yo, ya que en la sentencia dictada nos hicimos acreedores al pago de una indemnización por un millón y medio de pesos”, recuerda Leopoldo.

“Llevaba siete años en el servicio activo del Ejército, y a causa de la demanda contra la federación, la Sedena ordenó mi destitución inmediata o mi reintegración a las labores. Ya no podía gozar de mi comisión deportiva.”

Leopoldo afirma que no podía abandonar la práctica del remo, en puertas ya los Panamericanos de 2015 y el Campeonato Mundial, clasificatorio para Río 2016, por lo que decidió causar baja del Ejército el 26 de enero de 2015. “Alguien de arriba dio la orden”.

A decir de Tejada, nunca recibió un mal trato en la Sedena, “pero apenas se enteraron que estaba inmiscuido en el problema legal de la federación, no me dieron el derecho de réplica. Me fui con todas las prestaciones y con mi liquidación”.

“Imagínate la urgencia que tenían por darme de baja”, cuenta Leopoldo: “la baja se ingresó el sábado 25 de enero y se firmó el domingo 26. Sólo requirió un día el trámite que a veces le lleva hasta un mes”.

Para Tejada, la intención de la Sedena por reclutar atletas de alto rendimiento sin experiencia es “cambiar las noticias malas de los temas de narcotraficantes, manifestaciones y todos los problemas en los que se ha visto inmiscuido el Ejército. Tratan de quitar ese tache por una palomita”.

–¿La presencia de un atleta de alto rendimiento en las Fuerzas Armadas de México ayuda a limpiar la maltrecha imagen de la institución? –se le pregunta.

–Uno: no limpia el nombre, y dos: al deporte mexicano no le sirve. Beneficia a los ­atletas y eso es excelente, pero no apoyan para desarrollar una disciplina deportiva, sino que agarran a atletas consolidados.

Tiempo de presumir

El miércoles 24, al son del mariachi, cuatro de los cinco medallistas olímpicos en Río 2016 (María del Rosario Espinoza, Germán Sánchez, Guadalupe González e Ismael Hernández; sólo faltó el pugilista Misael Rodríguez) pasaron revista en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Al acto organizado por sus benefactores, Sedena y la Secretaría de Marina, acudieron soldados y marinos.

De los 125 deportistas que participaron en Río 2016, 21 de ellos están en la Sedena y 10 en la Semar. Todos han sido contratados con acceso a los siguientes beneficios: seguro médico para el atleta y sus familiares, créditos hipotecarios del Banco Nacional del Ejército Fuerza Aérea y Armada, S. N. C. (Banjercito) con bajos intereses y ascensos sujetos a sus resultados deportivos y jubilación. Esas prestaciones no las da la Conade, el Comité Olímpico Mexicano COM, y menos de sus respectivas federaciones deportivas.

María del Rosario Espinoza, triple medallista olímpica en taekwondo, es cabo auxiliar de educación física y deportes de la Sedena, cargo que también ostentan sus compañeros Itzel Manjarrez Bastidas, Saúl Gutiérrez, el clavadista Germán Sánchez (doble medallista olímpico), su compañero Iván García, mientras Rommel Pacheco tiene el grado de sargento segundo de educación física y deportes.

La arquera Alejandra Valencia, quien se quedó cerca de la presea en Río, es soldado auxiliar de educación física y deportes, mientras el pentatleta Ismael Marcelo Hernández (medalla de bronce) es cabo auxiliar de educación física y deportes.

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Y el batallón de atletas-militares sigue: Tamara Vega (pentatlón moderno), Elías Eliseo Emigdio y Juan Pablo Romero (ambos en boxeo) ostentan el grado de cabo auxiliar; Nuria Diosdado, Karem Faride Achach (las dos, en nado sincronizado, tienen el grado de soldado auxiliar), mientras que en ­atletismo aparecen Horacio Nava, José Leyver Ojeda, Marisol Guadalupe Ojeda, Ricardo Ramos, Margarita Hernández, Ever Jair Palma. Pedro Daniel Gómez y Julio César Salazar, con sus respectivos rangos.

La marchista Guadalupe González es la única de los cinco ganadores de medallas olímpicas que representa a la Secretaría de Marina. La institución contrató a la subcampeona olímpica en mayo pasado, es decir, cuando la mexiquense ya había logrado su clasificación a los Olímpicos. Ahora, la Semar apunta al pugilista de bronce en Río, Misael Rodríguez, el único que ha permanecido al margen de estas instituciones.

No existen

Desde abril pasado y a través de Infomex (folio 0210000015016), Proceso solicitó a la oficina de la Presidencia de la República que respondiera cuándo se instauró el programa de captación de deportistas en el Estado Mayor Presidencial (EMP), los nombres de los atletas y el deporte que practican, por qué fueron seleccionados, cuáles son los beneficios que reciben, por qué se creó este programa, cuáles son las obligaciones que adquieren, qué motiva la baja temporal o definitiva de algunos de estos deportistas, nombres y número de atletas que han sido dados de baja y por qué, y cuánto dinero recibe cada deportista mensualmente, entre otras cuestiones.

Dicha solicitud fue turnada al EMP, que el 28 de marzo determinó que no se encontraron registros de la información solicitada, “por lo que se declara su inexistencia”.

En el caso de la Semar, los deportistas son contratados en condición de militares de acuerdo con su grado de escolaridad. Para ejemplificar, al atleta con licenciatura se le otorga el grado de oficial teniente de corbeta. “Se brinca todos los grados: de marinero, cabo, tercer maestre, segundo maestre y primer maestre”, detalla el capitán Arturo Hernández, subjefe de Deportes y Servicios Educativos de la Semar.

El atleta naval está obligado a prepararse en su disciplina y deberá reportar sus actividades a la institución. (Con información de Beatriz Pereyra).